ARMANDO ÁLVAREZ - VIGO
Óscar Pereiro ha regresado a casa a medio Tour, la carrera que le ha proporcionado la gloria y que hoy le arrebata la ilusión. El mosense reposa y reflexiona sobre su futuro. Del análisis de su salud y del introspectivo depende más que la temporada. Es la fecha del adiós definitivo a la bicicleta lo que se decide.
Pereiro se bajó del sillín tras compartir el Tourmalet con los esprinters. "Si fuese por lo que siento hoy, lo dejaría", declaró. Lo dijo con la voz serena que le es propia. La misma que empleaba ayer, al descender del avión, para abundar en la grave cuestión. "Tampoco es que esté mal. No llego destrozado. Mi sensación es que he estado todo el Tour al sesenta por ciento. Llevo el limitador puesto todo el rato", describe. "Si el corazón no late, las piernas no reciben oxígeno".
Hay que examinar a qué responde ese freno que le impide aprovechar sus recursos. Pereiro se ha traído consigo a su preparador personal, Pascua Piqueras. Es el hombre al que ha confiado su cuerpo desde 2002. El que mejor lo conoce de la raíz del cabello a las puntas de los pies. Habrá tests más científicos que lo puedan confirmar, medidas y porcentajes, pero Pascua le ha avanzado su pronóstico: "Él cree que tengo una fatiga crónica".
Pascua no juega con la ventaja de los hechos consumados en el avituallamiento de Tarascon, donde el campeón de 2006 arrojó la toalla. El preparador distinguió los primeros síntomas de esa fatiga en la Dauphiné y le recomendó no asistir al Tour. Pero era una opción que no cabía manejar. Ni Pereiro podía renunciar a la "Grand Bouclé", quien sabe si la última, ni el Caisse D´Epargne, privado de Valverde, se lo podía permitir, aunque fuese más a nivel comercial que deportivo. Pereiro forzó y su milagro habitual de los veranos franceses no se produjo esta vez.
Unzue, el director deportivo de la escuadra, aceptaba prescindir de Pereiro en la Vuelta a España si cumplía en el Tour. Seguramente ahora prefiere tenerlo en el asfalto de septiembre. Pero la fatiga crónica es una dolencia que requiere tiempo. Al menos un mes de descanso casi absoluto. Las fechas de preparación se acortarían. Y el mosense tiene claro que no acudirá a la Vuelta para repetir la imagen crepuscular del Tour: "No iré a pegarme otra vez contra la pared".
Al fondo asoma el final de su contrato y el interrogante de la renovación. Aún es el mejor embajador del Caisse D´Epagne, el rostro agradable y mediático. Pero Pereiro es consciente de que debe respetarse a si mismo. Un campeón del Tour debe sostenerse siempre con dignidad sobre la carretera. Y sólo con dignidad seguirá compitiendo en 2010.