ARMANDO ÁLVAREZ - VIGO
Manolo Povea mantiene su fe en el Ciudad de Vigo Básquet. Sigue creyendo que el baloncesto masculino puede arraigar en Vigo. Ni la huelga de la plantilla por impago en la conclusión de la campaña ni la amenaza de cierre que pesa sobre la entidad le apean de esta convicción. De hecho, el técnico, cuya cotización se ha disparado, regresa mañana a la ciudad para negociar con la directiva su continuidad. En la Calle Príncipe pretenden sustentar sobre el andaluz el proyecto. Quieren retenerlo a todo costa y eso, más que del sueldo que le ofrezcan, depende de las garantías de continuidad que pongan encima de la mesa.
“Povea es el hombre, la pieza clave”, dicen en el Gestibérica, casi en tono apocalíptico. Más que él, su tándem con Alberto Fernández, que se pretende conservar. El enamoramiento es mutuo. “La posibilidad de seguir está hablada desde el principio”, comenta el preparador. “El club querría y yo también. Me siento a gusto en Vigo y creo que hay mimbres buenos para crecer pese a las dificultades”.
Povea tendrá que cobrar sus atrasos de la ejecución del aval, como sus jugadores. Pero es una situación común en estos tiempos y el cordobés se resigna: “Me llega que hay varios clubes en la misma situación, con el aval retenido. Por ejemplo, el Breogán, un todopoderoso de la LEB Oro”. Este quebranto general convierte al Gestibérica en uno más a la búsqueda de apoyo para sobrevivir. Los vigueses tienen hasta el 9 de julio para encontrar los 174.000 euros que costaría la inscripción en la próxima LEB Plata y el depósito de una nueva fianza. Povea, a cuya puerta llaman muchos, está dispuesto a esperar. “El mensaje fue el de que aguardásemos y yo confío en la parte del club”.
Remediar los fallos
Lo que Povea necesita, y pedirá en las conversaciones de esta semana, es la garantía de que la criatura que comenzó a educar la pasada campaña podrá madurar sin la angustia que dominó la vida del vestuario en los últimos meses, cuando los salarios impagados se fueron acumulando. “Algo no salió bien”, analiza. “No puedo entrar a valorar el papel del ayuntamiento, pero es evidente que hubo conversaciones que no acabaron como se preveía (Gestibérica acusa al alcalde de incumplir su promesa de facilitar un patrocinador de 150.000 euros). La responsabilidad es del club. Yo espero que se solucionen las cosas que se hicieron mal”.
Povea habla de un “futuro más claro y con más recorrido que un año”. Idea un equipo capaz de crecer paso a paso, estabilizando su relación con la hinchada y con una estructura menos vulnerable a los acontecimientos. Una tarea complicada porque además el cupo de nacionales (7), comunitarios (2) y extranjeros (2) varía este año y obligaría a remozar la plantilla.
Por sobre todo, Povea quiere las armas que el combate exige. “Me agradan los halagos de la directiva. Pero también me preocupa que se pueda dar la sensación de que se hace magia. Es un poco trampa. La importancia esencial le corresponde a los jugadores. Yo no puedo convertir a un pívot de 1.90 en uno de 2.15. En ese sentido, me inquieta esta reflexión. La confianza en el técnico no debe eximir al club de hacer un equipo competitivo”.