EFE
En presencia del presidente de la FIFA, Joseph Blatter, que hizo el saque de honor, la joven selección local deleitó a unos 6.000 espectadores que se dieron cita en el Estadio Feisal Huseini, y a decenas de miles que lo vieron en directo por televisión.
"Estamos aquí para concretar un sueño, el de que la selección de Palestina juegue en su propio estadio", manifestó Blatter sobre el primer terreno de juego en Cisjordania y Gaza que cumple las normativas internacionales y en el que la FIFA ha invertido 4 millones de dólares.
Hasta ahora, debido a ese hecho y a la negativa de Israel, la selección palestina tenía que disputar sus compromisos internacionales en Jordania o Qatar.
Las esperanzas palestinas de una victoria que coronara este histórico partido se dispararon con el gol que marcó Ahmed Qashkash, de 22 años, en la primera parte, pero que los jordanos igualaron en la segunda.
Pero lo cierto es que el resultado era lo que menos importaba a jugadores y aficionados.
"Este es un evento histórico, no sólo porque jugamos en Jerusalén, sino porque es un partido internacional en nuestra casa, la primera vez que los aficionados palestinos pueden apoyar a su equipo aquí", dijo a Efe el técnico palestino, Azzat Hamza.
Para el seleccionador, el encuentro "ha colocado a Palestina en el circuito internacional del fútbol", pese a los obstáculos que tiene por delante.
Los más inmediatos se originan en la ocupación israelí de Cisjordania, explica Hamza, que "nos impide organizar ningún partido porque no podemos predecir el comportamiento del soldado que está en ese momento en el control militar y si lo cierra o lo abre", como ocurrió esta semana en Jericó.
En ese sentido, fijar entrenamientos, convocar jugadores de Gaza -tres de los jugadores de hoy se unieron a la selección sólo el viernes- o salir al extranjero a disputar otros partidos, requiere un esfuerzo titánico.