El CSIC recupera figuras gallegas clave en la edición mundial desde el año 1800

Lo hará en el portal Editores y Editoriales, un proyecto internacional -Entre ellos figura Arturo Cuadrado, que publicó el primer cuento de Julio Cortázar

06.05.2016 | 02:11
Julio Cortázar.

Los gallegos Arturo Cuadrado y Francisco Porrúa llevan sus nombres ligados al éxito de Julio Cortázar. Uno de los escritores más célebres de la historia de las letras en español pero con marca hispanoamericana encontró en ambos el apoyo suficiente para editar parte de su producción literaria. En el caso de Cuadrado -llegado a Buenos Aires huyendo del franquismo español y de los campos de concentración en Francia-, él fue el encargado de editar el primer relato de Cortázar. Por su parte, Porrúa publicaría La Rayuela.

Estas dos figuras -ya fallecidas- han sido claves en la edición literaria en Argentina y, por tanto, en América del Sur. Su quehacer será recordado por el portal Editores y Editoriales Iberoamericanos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que ayer presentaba el proyecto en Madrid y Barcelona.

La máxima responsable del mismo, Pura Fernández -de ascendencia gallega, con sus padres nacidos en las calles Emilia Pardo Bazán y Rosalía de Castro de A Coruña- explicaba ayer a FARO que "el proyecto abarca la edición literaria desde el año 1800 hasta ahora. Tiene una dimensión internacional; estamos rastreando todo aquello que se publica literariamente en las cinco lenguas peninsulares desde 1800 hasta la actualidad en cualquier lugar del mundo".

"Salimos -añadió- con 150 semblanzas de editores pero cada dos meses sumaremos más. Ahora mismo, tenemos en marcha 600. Es un proyecto a largo plazo con un futuro ambicioso, por el que seguimos reclutando a investigadores". Además, el portal presenta material original, creado exclusivamente para el mismo y que se pone a disposición de forma gratuita de los internautas en la dirección http://www.cervantesvirtual.com/portales/editores_editoriales_iberoamericanos/.

De momento, está disponible la información sobre la edición en castellano y catalán pero "antes de final de año, promete Fernández, se subirá el panorama de la edición en gallego. Cuando se ha visto que el proyecto es una realidad, se han sumado más colaboradores. Tenemos muchos investigadores interesados de la Universidad de Santiago o de la de Vigo. También, investigadores gallegos radicados en Reino Unido o Estados Unidos. Queremos promover este tipo de estudios porque un escritor hasta que un editor no le publica no es escritor. Los editores están dando lugar a la literatura".

Pero el proyecto, precisa también de la colaboración de las editoriales gallegas y de otras instituciones con archivos claves en la historia de este arte.

Si nos remontamos al siglo XIX, es cierto que las dos grandes capitales de la edición en castellano eran Madrid y Barcelona, aunque Sevilla y Valencia también tenían una producción notable de impresos literarios. En ese tiempo, Vigo y A Coruña empezaban -según relató Pura Fernández- a tener sus propios sellos editoriales y figuras representativas como Alejandro Chao con biografía rompedora o Juan Compañel Rivas, ambos editores de obras de Rosalía de Castro.

El caso de Alejandro Chao es resaltado especialmente por Fernández que lo destacó como "personaje con implicación política y biografía llena de movimientos y contactos con grupos de resistencia e intelectuales. Nos interesa ver cómo se expande una lengua y cómo se establecen contactos. Las editoriales las entendemos como redes culturales. Chao fue un intelectual comprometido, dio lugar a Follas Novas y Aires da miña terra".

Ya en el siglo XX, Galicia daría otros editores singulares como Luis Seoane o Arturo Cuadrado. Sobre estos dos, la responsable del portal Editores y Editoriales Iberoamericanos subrayó que fueron "fundamentales junto a sus sellos Botella al mar o Nova. Fueron editores que por exilio o emigración coinciden en Argentina donde se convierten en promotores de grandes sellos editoriales e incluso descubridores de figuras como Cortázar o Alejandra Pizamik".

Para la investigadora del CSIC Pura Fernández, este proyecto demuestra que "el libro no conoce fronteras y el conocimiento no debería estar limitado por ellas".

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