Pobre monstruo

Una adaptación de "Frankenstein" que aparca los elementos terroríficos para dar más peso a la acción

18.04.2016 | 04:08
Daniel Radcliffe y James McAvoy.

Los títulos de crédito son muy reveladores a veces. El director de Victor Frankenstein dejó claro con sus primeras películas que es de la cuerda de Guy Ritchie, o sea, le encanta convertir la cámara en un tiovivo con el que poner la cabeza del espectador como un bombo. Ritchie dirigió (mal) la puesta al día de Sherlock Holmes y McGuigan hizo lo propio para la televisión, con resultados mucho mejores por tener buenos guiones, pero con el mismo sentido visual abrochado a moderneces varias. Esa conexión Holmes hay que tomarla en serio porque esta actualización de la novela de Mary Shelley, sin llegar a los excesos cometidos con el personaje de Conan Doyle, también tiene la intención de atraer a públicos más juveniles con una estética de fuegos artificiales (el desenlace convierte esta comparación en algo más que evidente) y una apuesta descarada por la acción más propia de un videojuego que de una película que se tome en serio a sí misma, convirtiendo al doctor Frankenstein a veces en un sucedáneo de héroe acróbata.

Con todo y con ello, Victor Frankenstein tiene sus puntos de interés y, por qué no decirlo, alguna aportación interesante a las numerosas versiones que sobre el monstruo de Frankenstein se han hecho. Narrarlo desde el punto de vista Igor (pronto "curado" de su joroba por aquello de aprovechar el tirón de Daniel Radcliffe), con un arranque ciertamente prometedor en el circo, le da un toque distinto que se enriquece, además, con la irrupción en la trama de una especie de financiador de oscuros intereses. Y el toque más romántico de la historia de amor entre Igor y su amada (bellísima Jessica Brown Finlay, dicho sea de paso) Por desgracia, las incoherencias y contradicciones de la película apagan demasiado pronto esos focos de interés e incluso la hasta entonces convincente interpretación del siempre solvente McAcavoy se vuelve mecánica y forzada. Terror, lo que se dice terror, poco. O nada. El monstruo se luce poco y da más pena que miedo. La escena final deja bien claras las intenciones de los productores de iniciar un carrusel de secuelas si la cosa va bien en taquilla. Va a ser que no: ha sido una ruina.

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