D. VÁZQUEZ / PORRIÑO
Han transcurrido cuarenta cursos académicos desde que el instituto Pino Manso inició su actividad en 1966. Más de 9.000 alumnos han pasado por sus aulas gracias al empeño de las personas que, entonces, confiaron en que su apertura contribuiría al progreso de Porriño.
Una comida, que fue excusa para recuperar la memoria histórica y sentimental, reunió ayer a antiguos y actuales alumnos, a padres y madres, a profesores y trabajadores no docentes y a representantes de aquellas instituciones que, de un modo u otro, contribuyeron al desarrollo del proyecto educativo del centro.
El gimnasio del instituto fue el lugar elegido como escenario, primero, de los apretones de manos, los abrazos y los besos, del reencuentro con el compañero al que hace tiempo se perdió de vista, con el severo profesor y el maestro-amigo, y con el propio centro, tan cambiado con el paso de los años.
Después se sirvieron, junto al resto del menú, raciones de nostalgia, de anécdotas y secretos ya casi olvidados que los comensales consumieron con voracidad, aunque buscando extraer su máximo sabor y recuperar el tiempo perdido.
Hubo ausencias -era inevitable que así fuera-, pero el recuerdo de quienes sí asistieron hizo que, de algún modo, estuvieran allí.
Cuarenta años de vivencias personales se intercambiaron a los postres entre las distintas generaciones de la familia del Pino Manso, que seguirá incorporando a nuevos miembros que buscarán, en el futuro, otra oportunidad para el reencuentro.