ANTONIO PINACHO - REDONDELA
La circulación de vehículos se restringirá en la mayor parte de las calles del casco viejo, en las que solo podrán acceder los residentes, a partir de la puesta en marcha del nuevo plan de tráfico que ultima el gobierno local. Aunque todavía no está decidida la fecha en la que la medida entrará en vigor, puesto que previamente se tendrá que señalizar debidamente los cambios, el responsable de la Concejalía de Tráfico, Arturo González, asegura que la actuación "es inminente" y confía en que pueda aplicarse a partir de mediados del próximo mes de febrero.
Otro de los cambios importantes que se incluye en la reestructuración del tráfico para la zona antigua del casco urbano será la prohibición del aparcamiento de coches en prácticamente la totalidad de sus calles. Las plazas de estacionamiento se limitarán a una docena que serán señalizadas debidamente en la rúa Prata, solo en los tramos en los que la anchura del vial lo permitan.
La medida también contempla una limitación de la circulación de los vehículos a 20 kilómetros por hora, con el objetivo de garantizar la seguridad de los peatones y reducir los ruidos y molestias causados por el tráfico rodado, ya que la mayoría de las calzadas en la zona son de adoquín.
El departamento de Tráfico diferencia en dos zonas el casco viejo para establecer las restricciones de circulación. Por un lado, desde el eje que constituye la calle Telmo Bernárdez hasta la Praza de Ribadavia –incluye las calles Adro, Isidoro Queimaliños, Reveriano Soutullo y Meixón Frío–, espacio en el que se prohibirá el acceso en coche a excepción de los residentes para entrar en sus garajes o para realizar carga y descarga de mercancías. En toda esta zona no se permitirá el aparcamiento en superficie en ningún lugar.
Por otra parte, desde Telmo Bernárdez hasta Santa Mariña la circulación se permitirá en las calles principales –Cruceiro, Loureiro, Picota y Cabo dos Fumeiros– por tratarse de una vía de salida del centro urbano hacia Cesantes, aunque también se prohibirá el aparcamiento de vehículos en todas ellas para dejar espacio a los peatones y garantizar la seguridad en caso de tener que acceder un vehículo de emergencias. Además, al despejar estas calles de coches estacionados se mejorará la fluidez del tráfico. La calle Prata mantendrá la circulación solo para residentes y se abrirá en el último tramo que desemboca en la Praza da Constitución, que fue cerrado en el pasado mandato con las obras de humanización.
La Policía Local prestará especial atención a la vigilancia del casco viejo para garantizar el cumplimiento de las normas.