NELI PILLADO - BAIONA
Los propietarios de los más de 1.500 caballos salvajes de la comarca miñorana rechazan mayoritariamente la implantación del microchip, a la que obliga la Xunta para identificar los animales en caso de daños por accidentes de tráfico o invasión de propiedades privadas. Así lo demostraron ayer en una insólita protesta por la fachada litoral de Baiona, que sorprendió a vecinos y visitantes. Más de trescientos jinetes a lomos de sus animales y otros tantos manifestantes a pie participaron en la convocatoria de la Asociación de Gandeiros de Cabalos do Monte de A Groba para exigir a la Consellería de Medio Rural que derogue la obligatoriedad de colocar los dispositivos y cumpla con la normativa europea, que establece una excepción en la identificación de los animales en libertad.
La caravana equina, a la que asistieron ganaderos y vecinos de municipios de todo el sur de la provincia, partió del entorno del camping de A Ladeira, tras una pancarta en la que podía leerse "Non ao microchip, si ás marcas tradicionais", y causó expectación por las céntricas calles Monterreal, Alférez Barreiro, Elduayen, Ramón y Cajal y Joselín, subiendo después hacia la Virgen de la Roca. El secretario de la entidad convocante, Javier Álvarez Blázquez, leyó allí un manifiesto en el que recordaba al Ejecutivo gallego las razones por las que "resulta absurdo" el microchip. A juicio de los ganaderos, las marcas a fuego tradicionales están debidamente registradas para que cualquiera pueda identificar un animal, sin necesidad de lectores electrónicos, y dar con su propietario, obligado por ley a pagar seguros de responsabilidad civil.
Entre aplausos de los manifestantes, Álvarez Blázquez alertó de que la implantación del microchip condena a la desaparición a las "burras", ya que numerosos ganaderos se verán obligados a abandonarlas por motivos económicos. Cada dispositivo cuesta 40 euros, una cantidad superior al precio de venta de la mayoría de los équidos. Y con la extinción de los caballos, cuya cría supone una tradición milenaria, se acabarían también los curros, otra costumbre ancestral.
Tras la marcha, que transcurrió seguida de cuadrillas especiales de limpieza del Concello de Baiona para retirar las defecaciones de los animales de la calzada, los dirigentes de la asociación de caballistas de A Groba anunciaron una denuncia formal ante la UE, a la que solicitarán que ordene a los gobiernos gallego y español la revocación de la obligatoriedad del microchip.