NELI PILLADO - NIGRÁN
Ni respiran el polvo del camino ni cantan sevillanas. La peregrinación de la Parranda de San Roque resulta todavía más animada que la mediática del Rocío. Así lo aseguran sus protagonistas, más de trescientos vecinos de la parroquia nigranense de San Pedro de A Ramallosa, que renovaron ayer sus promesas al santo con una nueva caminata de ocho kilómetros hasta el templo de Morgadáns.
Madrugar no es inconveniente cuando se espera una jornada de diversión. Así, los peregrinos partieron de su punto de encuentro habitual en torno a las nueve de la mañana para evitar el intenso sol de las horas centrales del día. La música de la charanga OT los acompañó durante el recorrido, en el que incluso recibieron los ánimos de los gondomareños a su paso por el casco urbano de la villa condal.
Empanada gigante
No sólo la música les ayuda a sobrellevar el esfuerzo, sino también el vino y las viandas. Para su transporte, los acompaña un coche escoba, en el que este año encontraron acomodo para la empanada gigante que les preparó la panadería O Bastón de Vilariño, de 11,2 metros cuadrados y 100 kilos de peso, con rellenos diversos para todos los gustos.
La comitiva contó también con tres carretas, en este caso tractores, adornados con flores de temporada para la ocasión. Allí viajaban los músicos y los más pequeños de cada familia. “Esto es una tradición que no muere porque acuden familias enteras y cada vez gente más joven”, explicaba el presidente de la parranda, Evaristo Blach.
Y es que la peregrinación cuenta con más de ocho décadas de historia y se repite cada año con más ganas. La llegada a la carballeira y la degustación de la empanada gigante es momento para el descanso. Después, unos acuden a la misa mayor del patrón de Morgadáns y otros practican sus propios rituales fuera del templo. La fiesta continuó durante toda la jornada hasta el regreso, a última hora de la tarde y con el ansia de que llegue ya el próximo 16 de agosto.