N.P. - BAIONA
Supone una figura importante en la historia reciente baionesa y su labor ha sido clave en la restauración del templo parroquial. Moisés Vilas Hermida nació en Nigrán pero ha ocupado el puesto de párroco de Santa María de Baiona durante más de la mitad de su vida. En octubre cumplirá 45 años de labor pastoral en la villa real, también como capellán del convento de las dominicas. Por ello, un grupo de vecinos, integrados en una comisión parroquial, ha solicitado que el Concello lo nombre hijo adoptivo. La propuesta recibe el apoyo de todos los grupos políticos, a excepción del BNG. El asunto formará parte del debate del pleno previsto este jueves a las doce del mediodía. Mientras el homenaje salta a la política municipal, el sacerdote recibe la intención de los vecinos con gratitud y continúa su trabajo diario con normalidad.
–¿Cómo recibe la intención de los fieles de rendirle honores por su cuadragésimo quinto aniversario en la parroquia?
–Les agradezco su buena voluntad, pero a mi no me supone nada porque no tengo méritos. Si me honran, será porque me quieren.
–Por algún motivo querrán destacar su trayectoria.
–Cumpliré 45 años aquí el 4 de octubre y lo más importante que hay que destacar son las importantes obras en la iglesia, que se restauró por completo.
–¿En qué consiste su actividad diaria?.
–Desde hace un tiempo tengo un ayudante y nos repartimos las dos misas diarias y las cinco de los domingos entre la iglesia y el convento. Luego atendemos a los feligreses y visitamos enfermos en todos los barrios.
–¿Lleva toda su carrera sacerdotal en Baiona?
–Me ordené en 1950 en la colegiata de Vigo y fui párroco en A Cañiza durante tres años. Después pasé 12 años como director espiritual y profesor en los seminarios de Vigo y Tui. En 1965 me trasladé a Baiona, cuando era párroco Enrique Pequeño.
–Durante casi medio siglo ha visto evolucionar la vida parroquial.
–No ha cambiado mucho. Sigue viniendo prácticamente el mismo número de gente. Hay que darse cuenta de que durante los fines de semana y el verano, llegan miles de turistas a Baiona y llenan las iglesias. Lo que sí hemos notado es una disminución muy importante de niños en la actividad parroquial. Antes las catequesis eran multitudinarias. Hubo hasta treinta catequistas y ahora sobran dos o tres. Sobre todo desde que nos han colocado el campo de fútbol del Aral al lado de la iglesia. Los fines de semana hay muchos partidos y se ve que los niños, o sus padres, prefieren el deporte.
–¿Nota la crisis económica la parroquia? ¿Le piden ayuda muchos vecinos?
–No. Aquí no lo notamos en la actualidad. Esas necesidades ya están cubiertas por las instituciones y la ONG Ayuda al Mundo Necesitado, que hace una gran labor. Antiguamente sí que yo mismo he llevado distintos artículos a hogares de Baiona, pero ahora ya no es nuestra función.
–¿Es consciente de que su nombramiento como hijo adoptivo puede generar un debate político?
–Sí, claro. Pero yo no entro en eso.
–¿Qué les diría a aquellos que rechacen su homenaje?
–Pues que Dios los ilumine.