VERÓNICA PALLEIRO - PONTEAREAS
Se podía subir en bicicleta, caminando, a caballo o en coche, sin embargo la lluvia caída en las horas previas parece la causa de que la afluencia de la Romería da Picaraña no fuera tan numerosa, ayer, como esperaban sus organizadores.
Carpas con mesas para comer, música en directo, juegos, puestos variados de comida y exhibiciones hípicas fueron algunos de los atractivos que programaron la Asociación Cultural A Casa da Triga, la Asociación MZS, la Comunidad de Montes de Arcos, la Asociación de Vecinos de Canedo y la Asociación de Vecinos A Pena do Equilibrio de Arcos. Sin embargo, la decadencia que ha sufrido la romería en los últimos años ha impedido que la fiesta resurgiese todo lo esperado. A pesar de la rigurosa organización y la difusión de la programación realizada en los días previos todavía serán necesarios unos años más para conseguir que esta fiesta tradicional del calendario ponteareano vuelva a brillar.
Hubo alternativas para todos. Los jóvenes participaron en el festival Ovopicaraña y en la madrugada del sábado acamparon en las inmediaciones. Ayer, a lo largo de la mañana fueron llegando distintos grupos de personas, la mayoría caminando, aunque también hubo grupos de jinetes y aficionados a la bicicleta de montaña.
A mediodía llegó la parte religiosa. Este año únicamente peregrinaron con su cruz los vecinos de la parroquia de Santiago de Oliveira, una tradición que antiguamente cumplían todas las parroquias ponteareanas.
Después de la Eucaristía salió la procesión que rodeó la cruz en la cima de la Picaraña. Este monumento estuvo cercado con una red naranja ante su peligro de derrumbamiento tras haber sido dañada. Por la tarde, siguió la fiesta con juegos y exhibiciones.