N. PILLADO / OIA
El deterioro del conjunto patrimonial del monasterio de Oia se hace patente cada vez que el viento y la lluvia superan los límites de la normalidad. Los últimos temporales han logrado derribar un tramo del muro que rodea el inmueble histórico ubicado en su parte sur, pero no podrá ser restituido hasta dentro de dos o tres meses debido a los trámites burocráticos.
La parte caída, de unos ocho metros de largo, puede ser sólo un inicio, ya que toda la pared presenta graves deficiencias en su estructura, que nunca ha sido apuntalada ni registrado trabajos de mantenimiento. El peso de los siglos se manifiesta en forma de desprendimientos y deformaciones en el muro, según explica el presidente de Vasco Gallega de Consignaciones, la compañía viguesa propietaria del edificio, quien espera que Patrimonio le conceda la licencia en breve para iniciar la restauración definitiva de la parte sur del complejo –que incluye el citado muro– entre febrero y marzo.
Parálisis por falta de agua
Mientras tanto, la firma ha iniciado la reforma de la cubierta de la fachada del monasterio que da al mar, la parte más dañada hasta el momento. Los trabajos tratan de reparar el estado ruinoso que ofrecía el tejado con techumbre de madera, que había registrado varios derrumbes en los últimos años.
El monasterio de Oia, del siglo XII, está llamado a ser el motor de desarrollo del municipio ante el proyecto turístico previsto junto a su rehabilitación, un negocio hostelero cuya inversión supera los 8 millones de euros y que ofrecerá un hotel monumento de cuatro estrellas con 72 habitaciones, centro de congresos, spa con talasoterapia y un residencial.
Pero el proyecto, pese a estar aprobado, se encuentra paralizado desde hace cuatro años por falta de servicios básicos en el entorno. Juan Martínez achaca a la inexistencia de red de suministro de agua municipal la demora en el desarrollo del complejo turístico. Y es que sin alcantarillado, el establecimiento hostelero y el residencial nunca podrán contar con licencia de ocupación.