ANTONIO PINACHO - REDONDELA
Las celebraciones del veinte aniversario de la caída del muro de Berlín han sacado del olvido los dos fragmentos originales que se conservan en Redondela, que se encuentran adosados en uno de los pilares del viaducto antiguo en la Subida á Estación.
La Concejalía de Cultura pretende resaltar el valor histórico de estos dos bloques de hormigón con graffitis, símbolos de la desintegración comunista, con su traslado a un lugar céntrico de la localidad y con una placa explicativa la historia de las piezas.
Los trozos de muro, con unas dimensiones de dos metros de largo por uno de ancho, se ubicarán en los jardines del Paseo de A Xunqueira, en las inmediaciones del Multiusos y de la Casa Consistorial, donde lucirán más que en su emplazamiento actual. De hecho, muchos ciudadanos ni siquiera conocían la existencia de los trozos del muro al carecer de una placa identificativa. Además, la presencia de unos arbustos junto a la base del viaducto tapa la visión de las piezas, por lo que hace que pasen desapercibidas para los peatones que transitan por la Subida á Estación.
El traslado de los fragmentos del muro se realizará en los próximos días y en su nueva ubicación se protegerán de las inclemencias atmosféricas con paneles de metacrilato, que también impedirán que puedan ser deterioradas por actos vandálicos.
Los dos bloques de hormigón fueron traídos de Alemania a principios de los años 90 por un emigrante, Manuel A. Figueroa Suárez, que actualmente reside en Mallorca. Las piezas fueron donadas al Concello por su tío, Jacinto Suárez, para que se expusieran en la localidad como recuerdo del momento histórico que aconteció con la caída del muro el 9 de noviembre de 1989 y que supuso la reunificación de Alemania.
Los 65.000 bloques que conformaban el muro que dividía Berlín, de 3,60 de altura y 1,20 de ancho cada uno, se han convertido en piezas codiciadas tanto por su valor histórico como artístico, este último en función de los graffitis que tuviera pintados. Los dos trozos de Redondela contienen varias firmas, aunque bastante deterioradas por el paso del tiempo.
Además, la mayoría de las piezas se dividieron en pequeños fragmentos que se venden como souvenirs a los turistas tanto en Berlín como en muchas otras ciudades alemanas.