D.L. - NIGRÁN
Aunque acumula la mayor parte de sus creaciones en la parroquia nigranense de San Pedro de A Ramallosa, sus esculturas han podido ser contempladas en varios rincones de la comarca miñorana en las últimas dos décadas. Sus únicos conocimientos previos fueron un cursillo sobre el metal que trasladó a la piedra. Empezó como simple afición, pero José Valverde acumula cientos de piezas a las que habría que sumar las que le fueron sustraídas por encontrarse al aire libre. Lo espectacular de sus resultados no le ha dado de comer, ya que no tiene pensado vender. Como él mismo ironiza vive de su cuerpo, y es que un atropello le aportó una indemnización, pero le dejó maltrecha la pierna y tuvo que abandonar su trabajo en la construcción,
La temática es de lo más variada: desde obras útiles como mesas, asientos, churrasquero u hórreos hasta las más decorativas como escudos de Nigrán y de Galicia, escaleras, ventanas, figuras religiosas, escenas familiares, animales, tumbas... Algunas de ellas tienen un carácter reivindicativo, en la que el urbanismo se lleva la peor parte de las críticas del escultor. Otras tienen que ver con el Miñor o con la actualidad que aparece a diario en los periódicos. Destaca su capacidad para moldear las miradas de sus personajes.
El material de trabajo, la piedra, procede fundamentalmente de los escombros generados por las obras. “El tamaño y forma de las rocas es muy variado y condiciona lo que puedo hacer con ellas”, explica. Con la simple ayuda de un cincel o lima y un puntero da forma a sus creaciones. No se marca horarios ni fechas. Cada pieza requiere una dedicación distinta.
Incidente
Aunque normalmente lo que hace le produce sólo satisfacción, el pasado mes de junio mientras tallaba el cincel rompió y le rebotó en un ojo, del que perdió la visión. José no pierde la ilusión de recuperarla al menos parcialmente. El percance no le hizo cesar su actividad. También explora de cuando en vez la pintura. Sin embargo, considera que sería una faceta bastante más modesta.