D.L. - BAIONA
Los baioneses le conocen por su trayectoria de 27 años como empleado de farmacia. Según confiesa, no había ni un solo día que no quisiese dejarlo para dedicarse en exclusiva a su verdadera pasión, la pintura, y su talento se lo permitió en el 2002. “Fue el momento más feliz de mi vida”, asevera. Caíno no es su verdadero nombre pero así es como quiere ser nombrado. También prefiere mantener en secreto su edad para que la gente siga haciendo vaticinios.
Su primer contacto con la pintura lo tuvo a los 12 años, cuando solicitó en un programa de radio una caja de acuarelas. Con ellas pintó el crucero de la Santísima Trinidad, monumento cercano a su vivienda. Cuando estas se gastaron no le quedó más remedio que experimentar en la tierra con un palo y es que en aquellos tiempos no sobraba el dinero. Un año más tarde comenzaba a ayudar en la farmacia del cronista de la villa, Héctor Barreiro, donde todavía se preparaban artesanalmente las pomadas y jarabes. Se decidió a ir Londres en 1970, donde admiró a los más grandes de la pintura en Hyde Park. La observación ha sido su única maestra. El mismo dio clases durante años a varios chavales hasta que a raíz de una exposición en Nueva York, en 1994, se lo tomó más en serio. “La pintura estaba dentro del alma”, señala.
Estilo
Define su técnica como muy personal, expresionista y real, aunque los entendidos destacan la dulzura que transmiten sus cuadros y el fuerte carácter gallego y costumbrista. “La gente me anima a pintar el mar, pero está presente en los ojos de los niños que creo”, comenta. Caíno no oculta la influencia de Baiona en sus obras. “Yo reflejo mi vida y en ella está los vecinos del municipio”, asegura. De hecho, vive con la esperanza de que la real villa no pierda su verdadera esencia. En estos momentos se encuentra en un punto de inflexión en su carrera. “Hasta ahora pinté para poder vivir, pero mi objetivo es encontrar mi verdadero mundo y dejar el comercialismo a un lado”. confiesa.