GABINO PORTO - SALVATERRA
Alguno de los asistentes al curso de cata del miércoles y ayer jueves en Salvaterra salió con las ideas poco claras. Sin experiencia previa y después de dos horas probando vinos no se sentía capaz de distinguir demasiado entre el "amarillo pajizo" y el "toque afrutado".
"En los primeros veinte minutos", explica María, "daba pena tirar al cubo el vino que sirven para probar, pero a partir de ahí no existen contemplaciones porque sólo hay dos salidas o bebes o te enteras y aprendes y para lo segundo lo mejor es meter el vino en la boca, degustar y escupirlo, aunque no suene elegante".
José Antonio López Domínguez, el director de la cata, lo sabe. Conoce el proceso del vino desde que la cepa ni siquiera asoma la uva y es uno de los catadores reconocidos en la zona de Rías Baixas. "No aconsejo que bebais el vino hasta acabar el curso", dice, "simplemente mirarlo, olerlo y meterlo en la boca".
Se trataba de que los asistentes, medio centenar, pudiesen distinguir entre lo bueno y lo menos bueno, y para ello López llegó a ser especialmente extremista para valorar el trabajo de algunos de los bodegueros, siempre sin nombrar marcas porque es un proceso de "cata ciega".
"No es quiera criticar", explica, "sólo quiero hacer una llamada de atención de que podemos ser mejores de lo que somos, que si queremos competir tenemos que espabilarnos de verdad". Y lo dice alguien que tiene tras de sí una larga historia de victorias y fracasos, con conocimiento de causa.
Añade que lo hace así para no aburrir "es difícil hacer de un curso una cata ciega algo ameno, pero cuando ves que el público, consumidores aguantan dos horas escuchándote piensas que algo queda".
López Domínguez fue comentando los vinos y haciendo referencias a la denominación así como a las distintas variedades. En ninguno de los días quiso que no fuera una cata técnica, sí "interactiva" y que los conocimientos adquiridos supusiesen para los asistentes un afán por meterse más en la cultura del vino. También hizo algunas referencias a armonías con distintos productos gastronómicos. Domínguez animó a las bodegas a tratar con más mimo a los condados en lugar de centrarse en los albariños.