SILVIA CAMESELLA - REDONDELA
La idea partió hace casi una década del propietario de uno de los bares del centro de Redondela. "Un grupo de amigos y yo estábamos tomando algo en el local cuando el dueño planteó la cuestión: ¿Por qué no hacemos unos carnavales de verano?", relata Constantino García, que ayer se desprendió de su identidad para adoptar la del fallecido cantante Tino Casal.
"Entonces intervino el distribuidor de bebida que prometió: si venís disfrazados mañana, pongo yo las consumiciones gratis", comenta la oveja "Pochi", conocido también como Alfonso Blanco. "El primer año fuimos unas 200 ó 300 personas, todas pandillas", continúa la historia. "Y con el boca a boca, la fiesta empezó a adquirir más importancia, hasta que el ayuntamiento intervino contratando a grupos", concluye Blanco.
Nostalgia por Georgie Dann
Y desde entonces el Entroido de Verán se ha convertido en una cita ineludible para los redondelanos, que son la mayoría de los que acuden cada año. Esta edición concentró a unas 3.000 personas según la Policía Local, una cifra menor que el pasado año que los asistentes atribuyen a la "falta de conciertos". "Otros veranos vinieron La Orquesta Mondragón y Georgie Dann, y lo pasamos muy bien, pero ahora no viene ningún grupo", lamenta una de las matronas que forma parte del equipo que vela por una embarazada. "Es de verdad", asegura ésta sobre su estado de gestación. "Estoy de siete meses, así que a la pandilla se nos ocurrió ir disfrazados de equipo enfermero", comenta entre risas.
Otros pasaron de la discreción de la vestimenta heavy a la exageración de complementos playeros, con pecho de agua incluido, como Pablo Lusquiños que afirma: "Agora son un home sen vergoña". Y para clásicos, los más pequeños, que optan por los típicos disfraces de payaso, princesa o cíngara. "Canté dos veces en el karaoke", comenta ilusionada Fernanda Nacle, de 8 años, que no tuvo reparos en participar de las actividades que había programadas para los niños y niñas de la fiesta. Un espectáculo para todos los públicos que, por un día, se convierten en protagonistas del pueblo.