JOAQUÍN CARDOSO - A GUARDA
Un inmenso mar de vino tiñó ayer a los guardeses. La romería de Santa Tegra, conocida como "A Festa do Monte", volvió a ser lugar para que corrieran "chorros de tinto" como si se tratase de un tributo al dios del vino.
El festejo se inició en el centro del pueblo, desde el que partieron los romeros, bandas de marineros y los bombos, y continuó hasta la cumbre del monte. Allí, se prometió volver el año siguiente a través de la jura de la bandera, esto es, elevarse a una piedra y beber vino de un garrafón, al son de los bombos, cajas y gaitas.
Karla Domínguez, miembro de la "Banda Roxa", indica que "para nós isto é coma fin de ano, unha festa que se leva no espíritu e que é moi tradicional". Alrededor de las 13.00 horas, las familias, bandas y amigos comenzaron a comer y a degustar el buen vino gallego. De sobremesa, empezó la "troulada", en la que el baile y el tinto fueron los protagonistas. Al atardecer, bajaron hasta el Parque do Cancelón, y merendaron. Tras esta pausa, avanzaron y se produjo la "desfeita", con la que concluyó la romería.
Iván Loureiro es otro guardés que no se pierde nunca la ruta hacia el monte. "Llegamos por la mañana, bebemos y comemos para pasarlo bien y nos dejamos mojar por el vino. Hoy, al bajar nos vamos a lavar todos al río", comenta entre risas.
Aunque muchos sean fieles a la tradición, otros tantos lo festejan a su manera. Es el caso de un grupo de ciclistas de Vila Praia de Âncora (Portugal), que alcanzaron la cima pedaleando. "Nos gusta esta fiesta gallega y su ambiente pero no podemos beber", afirma Elias Presa.