VERÓNICA PALLEIRO AS NEVES
Ver cercana la muerte y poder decirle hasta luego es un privilegio que los devotos de Santa Marta de Ribarteme atribuyen a una cuestión de fe. En la que se conoce como la romería más antigua de Galicia, fueron ayer tres personas las que se ofrecieron a llevar un ataúd en la procesión de la una de la tarde. Dos cajas mortuorias iban ocupadas por dos chicas y la tercera, de tamaño infantil, fue vacía.
Karina Domínguez, de 24 años, natural de As Neves, se encomendó a Santa Marta para rogar que su hija Belén se curase después de que los médicos le localizasen un bulto en el lado izquierdo del pecho. Hoy, Belén está a punto de cumplir dos añitos y por eso su madre decidió introducirse en un ataúd portado por cinco vecinos para dar las gracias a su "salvadora". Junto al féretro caminaba la madre de Karina, vestida con una mortaja, y su hermana con la pequeña Belén en brazos.
En la otra caja mortuoria iba una joven de Ponteareas también arropada por familiares y amigos, la cual prefirió guardarse para sí el motivo de ofrenda.
El tercer ataúd, blanco y de pequeño tamaño, avanzó vacío en la procesión portado por cuatro jóvenes de Santa Marta de Ribarteme; entre ellos Cándido da Silva, que a sus 15 años cargó por primera vez un ataúd, también lo hizo Nicolás Pérez de 11 años; según afirmaron, ninguno de los dos estaría dispuesto a introducirse en un féretro pero sí a llevarlo para hacerle un favor a Victoria Fernández, una vecina de As Neves que ofreció este gesto para agradecer la curación de su nieto.
Además de los ataúdes, fueron más de una docena los asistentes que vistieron una mortaja sobre sus ropas para agradecer a Santa Marta la sanación de sus males. Dolores Perejil se ofreció por su nuera que se sometió a una operación de corazón y salió adelante. "Entre Santa Marta e os médicos curouse" afirmó Dolores.
Por su hija Yanira de 2 años, Manuel Pérez asistió a la romería con una mortaja puesta. Su mujer tuvo un embarazo de riesgo y en el periodo de gestación la niña corría peligro. Ayer fueron los tres a la misa para dar gracias de que están juntos y sanos. "Esto es así, tú pides algo, la virgen te lo concede y por eso vienes a agradecerlo" explica Manuel.
Una operación superada es la razón por la que Susana Gil, de Moradella, en As Neves, vistió ayer una mortaja y sujetó una vela durante la procesión. No es la primera vez que lo hace, en años anteriores ya se encomendó a la santa por sus hijos. "Tengo mucha fe en Santa Marta y por ahora siempre se me cumplió lo que le pedí" comenta.
Otros devotos saldaron sus ofrendas dando vueltas a la iglesia de rodillas, o caminando descalzos . Todos lo hacen con la fe en la santa nevense capaz, según dicen, de frenar la muerte.
Los féretros se pueden alquilar "a la voluntad"
A lo largo de los años, en la parroquia de Santa Marta de Ribarteme se han ido acumulando ataúdes de ofrendas realizadas por personas de fuera de la comarca que, una vez cumplida la promesa, no se llevan de vuelta la caja mortuoria. Por este motivo, la comisión de fiestas alquila los ataúdes a personas que quieran cumplir la ofrenda de ir en un féretro en la procesión pero que no quieren gastar tanto dinero en una caja mortuoria de uso, por suerte, para un solo día.
La comisión de fiestas de Santa Marta es la encargada de limpiar y acondicionar los ataúdes guardados. "Hay unos cinco ataúdes de adulto y algunos de niño" explica Carlos Domínguez, miembro de la comisión.
Para realizar una promesa, los devotos deben ponerse en contacto con el párroco y si así lo prefieren se les facilitará un ataúd a cambio de "la voluntad", si no se paga nada por él, se les presta igualmente. El día de la romería los ataúdes están listos dentro de la iglesia y desde allí salen, llenos o vacíos, en procesión.