EVA GONZÁLEZ - TUI
No se cortaron a la hora de preguntar por qué olía tan raro el interior del Balneario de Caldelas, o a la hora de saber quiénes eran sus dueños, o cómo se descubre dónde está un manantial. Medio centenar de escolares de tercer y cuarto curso de Primaria del colegio público Número Uno de Tui fueron muy participativos en la jornada educativa de ayer sobre esta instalación, tras un mes de preparación, como explicó el director del centro escolar, José Casas.
Ana María Rodríguez Ruíz, directora del Balneario –que pertenece a la misma familia desde hace generaciones– les recibió en el salón principal, donde se conservan algunos de los "tesoros" de esta gran casa, como un espejo veneciano, antiguas alacenas, una mesa de billar... "Estuvimos trabajando en este proyecto, tanto sobre los tratamientos, como aguas medicinales y curativas", precisó José Casas.
La primera pregunta era inevitable: "¿Cómo se creó el balneario?". La respuesta, más extensa, vino a decir que hace cientos de años apareció una fuente en medio de una piedra al lado del río Miño. El agua era caliente y la gente la utilizó para regar, viendo que el maíz crecía mucho, debido al nitrógeno, como se supo mucho tiempo después. El fundador era secretario de un general del rey Alfonso XII, que inauguró la instalación en el año 1876. "Desde aquel año funcionó ininterrumpidamente, excepto durante la Guerra Civil", contó la directora. Precisó que ahora disponen de tres manantiales, uno de ellos detectado por el jefe de Minas de Pontevedra, mediante varillas, a unos 60 metros de profundidad. "Si es caliente gira la vara de una manera y si es fría, de otra", precisó hablando de este agua, que "huele a huevos podridos", por sus componentes, pero resulta ser la tercera con más alta radioactividad de Galicia. "Es como un jarabe, con una composición química distinta a la de otros balnearios", dice. Explicó que los principales tratamientos que se realizan son para la mejora de dolencias en vías respiratorias, y reumáticas. En el grupo de escolares pudieron dar fe de ello los niños Pablo y Javier. "Para nosotros los mocos son como natillas", bromeó Ana sobre el efecto de los tratamientos, en un año donde no han visto la crisis.