12 de mayo de 2017
12.05.2017
libre directo

Otra cicatriz

12.05.2017 | 11:21
Aspas cae tras una falta del armenio Mkhitaryan. // Ricardo Grobas
El celtismo toma Manchester. // FDV
La afición del Celta canta la Rianxeira. // R. Grobas
Abel Caballero, eufórico en la quedada del celtismo. // J. Conde
El himno más emocionante
Una afición de ´10´
United - Celta: el partido en fotos. // R. Grobas

En mitad de la excitación de la noche, a punto de empezar el reparto de la medicación, alguien lo dijo en la redacción, cuando Mourinho aún ganaba 1-0 y había enviado a Silvino Louro en busca de una hormigonera para aparcarla delante de Romero. "Verás cómo empatamos justo al final y fallamos en el descuento la ocasión de pasar". Y todos reímos nerviosos, dudando de que ni tan siquiera llegase ese empate. La esperanza, la puñetera esperanza, que siempre aparece.

La vida del aficionado del Celta consiste en contar cicatrices, en levantarse la camiseta ante el espejo y repasar en silencio las huellas de toda una vida de dolor. Acariciarlas con calma, con cariño casi. Comprobar si todavía duelen y explicarle a los tuyos a qué día corresponde cada una de ellas. Hoy sangra otra herida. Cicatrizará en unas semanas y puede que con el tiempo pase a ser un recuerdo más difuso y que incluso acabemos por asociarlo a todos los hermosos acontecimientos de estos días. Porque costará olvidar la jornada de ayer. Por las escenas de Mánchester, por el ambiente de sus calles -invadidas por el sano entusiasmo de los miles de aficionados del Celta que dieron un ejemplo de civismo y amor a unos colores- y por el heroico comportamiento que el equipo tuvo en un escenario legendario que se ha tragado a mucho visitante ilustre. Hace años lo explicó un histórico rival del United: "Es el lugar en el que más pequeño te sientes. Estás en el túnel y a cada paso que das camino del campo, más diminuto te sientas". Nada de eso sintió el Celta, convencido de que ese lugar era el ideal para escribir la página más grande de su historia. Hace tiempo que Berizzo ha desterrado los complejos y los miedos históricos. Ha convencido a sus chicos de que tienen capacidad para competir con cualquiera, para mirar a los ojos de las casas más nobles de Europa y desafiarlas con sus recursos limitados. Sin su pompa, sin sus armas ni su presupuesto descomunal. Berizzo y el Celta nos recuerdan a menudo que este deporte triunfó a comienzos del siglo XX por su carácter popular, porque concede oportunidades a quien tenga la audacia de atreverse a dar ese paso hacia delante. Tan corto a veces, pero tan complicado al mismo tiempo. Por eso el Celta respondió al desafío de Old Trafford con la grandeza de sus mejores noches. Había pocas dudas sobre ésto. La eliminatoria pasaba por el comportamiento en Balaídos, por la forma en la que el Celta gestionaría la comodidad con la que los rivales se desenvuelven en los partidos en Vigo. Sobre Mánchester había pocas dudas. Esta creación que es el Celta de Berizzo parece haber nacido para estas noches cargadas de épica. En la fachada de Old Trafford duerme la estatua de Matt Busby, el hombre que levantó este equipo de la nada a mediados de los cuarenta y años después les recuperó del terrible acontecimiento que fue el accidente de Múnich, en el que murieron ocho jugadores y se arruinó el maravilloso proyecto que eran los "Busby Babes". Desde el hospital alemán en el que se curaba las heridas, Busby dejó un inolvidable mensaje que se emitió en Old Trafford antes del siguiente partido del United. Les habló de orgullo, de la necesidad de levantarse y les dejó un anuncio: "Volveremos". Ayer el Celta representó mejor que nadie ese espíritu que emanaba del doliente mensaje del mítico entrenador. Pese a la derrota. Busby estaría contento con el triunfo de su equipo, pero se rompería las manos reconociendo el orgullo y el coraje del Celta y de su gente, su esfuerzo infinito y esa búsqueda incansable de una nueva ocasión que lamentar, de una nueva herida que curar en el futuro. Busby les esperaría a la salida de su vestuario para decirles con su gesto complaciente: "Ustedes volverán algún día". Y mientras llega ese momento, seguiremos acariciando de noche, antes de dormirnos, una nueva cicatriz.

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