Celta de Vigo - Manchester United en Europa League | Un último cántico camino de Old Trafford

El celtismo vive su gran noche pese a la derrota - No se produjeron incidentes en el estadio

05.05.2017 | 08:11
Búscate en la grada de Balaídos. // Marta G. Brea / R. Grobas

La afición se retira lentamente, apretujada en las entrañas de Río, como en un paso procesional. Ha aplaudido a sus jugadores y ha cantado por última vez el himno, con más fatiga que al inicio. De repente, sobre el leve murmullo de las conversaciones, las pisadas y el frufrú, se inicia una letanía que se contagia por las escaleras y acaba hirviendo: "Real Club Celta de Vigo". El celtismo celebra lo disfrutado y aún cree en lo que está por venir.

Ha sido una jornada histórica, más allá del resultado. En el estadio se culmina la fiesta de toda la jornada. Todo brilla con especial fulgor en Balaídos. Hay más gente, el celeste de sus camisetas es más vivo, sus cánticos resuenan más intensos. Pero también los rivales, conocidos de la televisión, se antojan gigantes sobre el césped. Pogba, Fellaini y Rashford contemplan a los célticos desde la estratosfera. Al Celta le sobra afouteza, pero le faltan centímetros. La musculatura impone la diferencia.

Mourinho pasa por el partido más desapercibido de lo normal, quizás incluso de lo que le gustaría. El entrenador portugués desempolva su catálogo. Acompaña al equipo en el calentamiento, mientras Berizzo se queda en el vestuario. Lo recibe un abucheo comedido. Y sale después al césped antes que nadie, mientras la afición local interpreta el himno. Al técnico le gusta atraer las iras para que la parroquia rival se agote, aliviando la presión sobre sus jugadores. En este caso, sin embargo, nadie detiene el cántico. Mourinho se ha convertido de repente en invisible.

Mourinho y los suyos solo tendrán un momento de protagonismo. Será mientras Young yace en el suelo. Los célticos se quejan de la pérdida de tiempo. Miembros de uno y otro banquillo van acudiendo a la frontera que los separa. Rui Faria y Marcucci intercambian improperios y ademanes. García Cota ejerce de pacificador. No se sabe de ningún dedo en el ojo.

El ambiente se mueve según el partido, desde el "haaaaaala Celta" más largo que se recuerda. Sergio se gana los gritos de admiración. John Guidetti excita a la grada y desata su canción. Los aficionados del Manchester United aprovechan los escasos reflujos de la marea celeste para colar sus propio coros. Han asistido extrañados al hilo musical de Balaídos. El celtismo igual berrea el "Thunderstruck" de AC/DC que alcanza el paroxismo con "Mi gran noche" de Raphael. La segunda mitad se inicia tras la sintonía del "Equipo A" que el árbitro parece respetar. Pita justo cuando el tarareo ha terminado.

Faltaba la noche para cerrar el balance de la estancia de los ingleses en Vigo. En la madrugada anterior solo se había producido un incidente, una pelea entre hinchas que terminó con un olívico identificado por la policía, sin que el otro quisiera denunciarlo. En el estadio funcionó perfectamente el dispositivo de seguridad. Los visitantes fueron llegando en lanzaderas e introducidos poco a poco en Río. Los que prefirieron pasear pudieron mezclarse con la masa celeste sin problemas. Los encargados de la seguridad no tenían constancia de ningún incidente durante el partido o en la hora posterior. Al final, los "diablos rojos" se comportaron de forma angelical, igual que griegos o ucranianos. Para el registro de esta Europa League quedan los belgas como los más peligrosos.

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