04 de mayo de 2017
04.05.2017

Celta - Manchester United en Europa League | Unos "diablos" a la carrera

Solo Mata, Herrera y Bailly tuvieron algún gesto con los trescientos aficionados que acudieron a su llegada

04.05.2017 | 10:55
Así fue la llegada de los "red devils" a Vigo. // J.C. Álvarez
El Manchester United desembarca en Vigo. // José Lores

Un padre advertía a su hijo que no se detendrían, que el sueño de conseguir el autógrafo de Pogba no se iba a hacer realidad. El hombre trataba de rebajar la euforia del niño, que llevaba hecho en su libreta un dibujo a carboncillo del centrocampista francés. No era el único. Todos los menores de trece años acudieron ayer por la tarde a Peinador por culpa de Pogba; las chicas lo hicieron por David de Gea y los adultos, por José Mourinho. Todos ellos pasaron por la terminal como si tuviesen miedo de que se les escapase el autocar que esperaba en la puerta escoltado por decenas de policías. Solo se detuvieron para atender bremente a los aficionados los que podría ser considerados "de casa": Ander Herrera, Juan Mata y Bailly, más accesible y sonriente que cualquiera de sus compañeros, a quienes el regreso a España -o simplemente, su educación- parecía obligarles a tener un detalle con los aficionados que llevaban un buen rato esperando. Un par de autógrafos, unas fotos de urgencia, una sonrisa y un adiós. Fue toda la cosecha que los hinchas sacaron a la tarde en el aeropuerto.

El breve paseo por la terminal fue todo el contacto que el Manchester United -un equipo al que le sobra el dinero y que desplaza a jugadores, directivos, invitados o personal en diferentes vuelos según las necesidades de cada uno- mantendrá con el vecindario de Vigo si descontamos lo que suceda esta noche en el estadio de Balaídos. Unas trescientas personas acudieron a Peinador a la llegada del conjunto de Manchester. Había algo de curiosidad, pero sobre todo mucho de veneración al poder mediático de los futbolistas y de José Mourinho. "A ver si é tan guapo como parece na televisión" aseguraba una señora mientras preparaba su teléfono móvil para el momento de la verdad. El técnico portugués esbozó una sonrisa entre el griterío de la gente y de los madridistas nostálgicos que acudieron en su busca y que le lanzaban calificativos como "fenómeno" o "genio". Eran legión. A su lado, sus pretorianos Silvino Louro y Rui Faría, con el gesto serio, duro, como si viniesen a cobrar una deuda antigua. Un clásico gestual en este grupo de trabajo.

Tras el cuerpo técnico, el rosario de futbolistas en procesión hacia el autocar. Apenas gestos hacia la gente. De Gea sonreía en medio de la histeria de algunas "groupies" al tiempo que algún otro le preguntaba por Edurne con cierta carga de malicia. Pogba subió los decibelios al máximo. El futbolista más caro del mundo, un armario con el pelo de color, se permitió algunos palmeos con los más jóvenes y poco más. Luego subió al autocar mientras un aficionado del Celta le decía desde el otro lado del cristal: "Os vamos a dar pal pelo". El autobús del Manchester arrancó en dirección del hotel del que no asomarán el hocico hasta que esta noche tengan que salir en busca del Celta. Los equipos grandes y su burbuja.

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