El pasado sábado 24 de febrero de 2007, después de leer en FARO DE VIGO "Profesores de religión recurrirán el fallo del Tribunal Constitucional que les confunde con curas y monjas", referente a la resolución tomada por unanimidad, por el Tribunal Constitucional, sobre la conveniencia de que la Iglesia Católica tenga la facultad de designar los profesores de religión, me ha entrado de repente una profunda preocupación.
Preocupado de que mis
hijas, que tienen esta asignatura opcional-extracurricular, podrían estar educadas por un funcionario público, con unos grandes conocimientos acreditados en la materia, pero con un credo, comportamiento o conducta personal totalmente distinto a la asignatura que imparte.
Yo le diría a Menchu (doña M.ª del Carmen Galayo) y a otros profesores de religión, algunos de ellos laicos confesos, que es muy difícil impartir clase sobre algo con lo que no estás de acuerdo, ni compartes, ni te gusta.
Imagínese a usted misma dando clases sobre los textos del Corán y la Sunna Islamista, que se enseñarán pronto en los niveles de Primaria, E.S.O. y Bachillerato de las escuelas españolas. ¿Qué le diría usted a sus alumnos o qué sentiría usted misma cuando llegara a Aleyas como la superioridad del hombre sobre la mujer, la discriminación por motivos religiosos, la forma de vestir o la pena de muerte? De todas formas, los niños probablemente se sentirían confundidos, cuando la vieran en top-less en la playa, comiendo cerdo o bebiendo un vaso de vino con la comida del colegio. En este caso concreto, ¿quizás piense o pensemos todos, que este profesorado debería ser elegido y pagado directamente por un Estado laico/aconfesional?
Antonio Araújo Fernández - Vigo