Hubo un tiempo en que "casa" significaba un lugar donde habitar; ahora parece que el significado no es el mismo.
De un tiempo a esta parte, a mucha gente que "trabaja" en Galicia le da por jugar al "tente" con los edificios y sus habitantes, como niños que destrozan castillos de arena que construyeron otros: hacen acopio de sus palas e instrumentos varios, y sin contemplación ni reflexión alguna, arrasan sus magníficas piedras, su buena madera, materiales que dura-
rían siglos, para construir en su lugar prácticas colmenas abiertas a sí mismas.
La calle Uruguay era/es una bonita calle. La parte "pobre" aunque no cuenta con grandes edificios patrimoniales, entre todos con sus balcones abiertos a la calle forma un bonito conjunto. Es uno de los pocos barrios de principios del siglo XX que quedan en el centro. Somos algunos los que vivimos en estos edificios ahora codiciados y somos algunos los que queremos conservarlos y vivirlos porque nos gusta y porque nos da la gana. Y he aquí que estos niños a los que le gusta destruir castillos, nos dicen que por nuestro bien no debemos seguir viviendo así. Utilizando a propietarios que tienen sus pisos abandonados y hechos una ruina, pretenden obligarnos a nosotros, pobres mortales que no podemos saber ni lo que queremos, a vender. Es muy difícil defenderse. El ayuntamiento dice -salen continuamente noticias en la prensa- va a luchar contra la dejadez de esos propietarios que tienen sus pisos abandonados, esperando la ruina y bla, bla, bla. Llevo un año intentando defender al lugar en el que vivo del daño que me están ocasionando otros; mi piso cada vez está más destrozado y el ayuntamiento no actúa. Procedimiento judicial, dice, mientras espero, un año mínimo, el techo se caerá sobre mi cabeza. ¿Es eso lo que se espera o será que el término casa lo tengo yo desplazado?
Hortensia García Martínez - Vigo