21 de noviembre de 2016

Mundo Cela

21.11.2016 | 03:58

Poliédrico y controvertido. Una almazuela de saberes. "El hombre no tiene una única cara sino muchas facetas con sus muchas aristas". Se definía como bibliófilo, editor, barbudo y mal hablado. Como aficionado a la pintura colaboró con Picasso, Laxeiro, Antonio Saura o Borja de Pedro.

Apasionado por la tauromaquia. Y, como no pudo, se hubo de conformar con ser "torero de salón". Así se definía por su humor ácido y satírico. A menudo con una pantalla desagradable.

Un coleccionista patológico. Entre otras cosas, caricaturas y retratos. Era muy fetichista y egocéntrico. Tres paredes enteras muestran méritos y condecoraciones. Él se las ganó.

Aprovechó su larga convalecencia por una tuberculosis pulmonar para leer. Durante años se ganó la vida como articulista. "Los mejor pagados a 50 duros. Resulta muy cruel esa cotidiana pelea por el garbanzo". Para ejercer esa actividad periodística tenía que tener un carné de la Asociación de Prensa. Le fue retirado cuando censuraron "La Colmena"; "cuando Franco estaba enfermo me admitieron sin pedirlo". Y eso que en la guerra había combatido con los nacionales.

Cuando ordena su "caos" preexistente para dedicarse al oficio de escritor exclamó: "Se acabó el divagar". Y, ya lo sabemos, se consolidó. "Su manera peculiar de escribir está más allá de lo local y lo nacional", declaró Torrente Ballester. Su obra sigue generando nuevas hermenéuticas.

Pateó la Alcarria, tierra de buen aceite y miel, en diez jornadas. El aventurero no solo durmió en fondas. También al raso. Y revitalizó los libros de viajes, que parecían un género menor.

Su padre había encontrado una castaña en una playa de Foz. Al morir se la legó a su hijo, pero el amuleto cayó y se partió en dos. Hubo de engarzarla en oro para conservar el objeto fetiche.

Cela nos dejó huérfanos en 2002. Su despacho quedó congelado como él lo dejó. Desordenado. Un bodegón de naturaleza muerta. La morada que compró en 1979 se convirtió en su Fundación. "Casi un palacio, un espléndido caserón de sillería.

Me gustaría que se acabase convirtiendo en una especie de museo para legarlo a mi país y agrupar allí una gavilla de recuerdos".

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