08 de noviembre de 2016

Padres con barba

08.11.2016 | 05:05

Me hallaba frente al televisor, con mi hija de seis meses en brazos. La niña estaba inquieta, no por la votación para la investidura que en ese preciso instante se estaba retransmitiendo en directo, ni porque tuviera ningún déficit de atención, sino porque la curiosidad de una niña de seis meses es voraz y le resulta difícil concentrarse.

Sin embargo, cuando las cámaras ofrecieron un primer plano del recién elegido presidente, mi hija concentró toda su atención en la pantalla. Se lo hice notar a mi mujer: "Solo faltaba que la niña se afilie de mayor al PP. Observa cómo mira a Rajoy. Está como hipnotizada", le dije. Mi mujer me respondió: "No, idiota. Solo cree que Rajoy es su padre. Es por la barba". Vaya, menudo mazazo. "¿Así que cuando los bebés de mis amigos se quedan embobados mirándome no es porque vean a ningún dios o sean capaces de ver en mí algo que los adultos no ven, sino solo porque mi barba les recuerda a las de sus padres?", pregunté. Ella asintió con la cabeza. No. No tenía ningún encanto especial.

Despojado de mi barba, solo me miraban los perros. Intenté que mi hija dejara de mirar a quien ella creía su padre, pero nada.

Supuse que muchos votantes que decían que no iban a votar al PP por la corrupción y otros excesos, al final lo hicieron solo porque sus padres no se afeitaban.

Seguro que los padres de Susana Díaz, Javier Fernández, Antonio Hernando o Eduardo Madina también tenían barba. Los socialistas de antaño solían tenerla, cuando llevarla significaba jugarse la vida. Pero como la barba no se transmite de padres a hijos, solo queda evocarla.

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