Una amistad imperecedera

Iris Landesa Vázquez - Vigo

11.03.2013 | 08:44

Mirada castaña y traviesa, cabellos largos y dorados€ Dicho así podría ser un amigo como otro cualquiera, ¿verdad? Pero si a su descripción le añado cuatro veloces patas, olfato y oído prestigiosos€ la cosa cambia. Mi gran amigo es un precioso Golden Retriever llamado Simón, un perro que ha marcado y llenado mi vida para siempre. Lo conocí en el verano de 2001 (creo recordar que corría un caluroso mes de agosto), cuando él tenía unos 4 meses y yo 11 años. Juntos compartimos muchas tardes de domingo, las cuales íbamos a pasear por Samil y por el paseo del río Lagares, además de jugar y jugar hasta quedar agotados. Era un perro muy gamberro, siempre intentaba hacer una de las suyas, escaparse, comer algo que no debía€ Enseguida creció un vínculo muy especial entre los dos y nos hicimos muy amigos. Pasaron los años y ambos fuimos creciendo; yo fui pasando de niña a mujer, pero él me ganaba envejeciendo más deprisa. Su antaño hocico dorado se cubrió de canas y su trufa negra como el carbón, rosácea, pero ello no cambió su carácter juguetón y alegre. Con once años jugaba como si todavía fuese un cachorro. Nuestra amistad era tan especial que incluso un día que yo estaba mirando un escaparate en la calle, noté que algo me había rozado por detrás; cuando me giré era él, que me había reconocido y tocado con su hocico. Movía el rabo lleno de júbilo. Mi olor se le había quedado grabado y nunca lo olvidó. ¡Aquel día hacía un año que no nos veíamos!
Hoy tengo 22 años y mi amigo cumpliría 12 el próximo 2 de abril. Hoy siento un enorme vacío dentro de mí. Desde que lo conocí, finalizando la primaria, tuve miedo a que llegase este momento. Ahora estoy terminando ya mi carrera universitaria y se me ha ido. Me cuesta hacerme a la idea de que no voy a poder verlo más ni a pasear más con él€ Solo de pensarlo se me escapan unas lágrimas. Uno de los detalles que más me gustaban de él era que te hiciese un gesto con la pata o te ladrase para que continuases acariciándolo (era mimoso como él solo). Cuando pasaba un tiempo sin vernos solía dedicar un rato a ladrar y ladrar, yo creo que "echándome la bronca" por haber dejado pasar tanto tiempo; eso también me encantaba de él€ hasta el último de sus pelos dorados. Para mí siempre permanecerá vivo en mi corazón y en mi recuerdo, sus ladridos, sus juegos, sus gamberradas, su inteligencia, su cariño, en definitiva, su amistad, una amistad sincera y fiel como ninguna, una amistad que perduró en el tiempo a pesar de la distancia. Esta historia demuestra que no hay barreras para la amistad y que ésta no solo se da entre las personas, sino también entre seres humanos y animales y sus vínculos pueden ser para siempre, como es el caso. Te quiero amigo mío y espero que allá donde estés sigas moviendo la cola como siempre hacías cuando nos veíamos y cuidando de mí. ¡Gracias por estos casi doce años de aventuras y felicidad, gracias por haber estado media vida a mi lado, gracias por tu apoyo y gracias por haber dejado la huella de tus cuatro patas en mi recuerdo; siempre te llevaré conmigo!
Amistad se escribe con S de Simón.

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