Tribuna del lector

Predicar y dar trigo

Manuel Gómez

25.02.2013 | 08:05

La sabiduría popular instauró el adagio de que una cosa es predicar y otra dar trigo mucho antes de que la demagogia incrementase de forma exponencial el número de practicantes de tal axiomático proceder, ofreciéndonos a diario ejemplares muestras de recomendaciones que no se compadecen con lo que se hace.
Con la usual parafernalia y financiada con fondos públicos acaba de celebrarse en Madrid la gala de los Goya, versión nacional de los Oscar cinematográficos. Y también como de costumbre, su primigenio motivo casi queda eclipsado por la exhibición de vistosos modelos de los más afamados y caros modistos. Glamour de los privilegiados que otean la crisis desde un confortable y seguro otero.
Esta gala proporciona una adecuada ocasión para comentar los problemas del cine e, incluso, para reivindicar soluciones. Pero los canales de la lógica se bifurcan y se aprovecha la oportunidad para dejar un rosario de confesiones demagógicas en defensa de igualdades sociales, que por el escenario y los protagonistas más bien habría que adjetivar como exabruptos que cimentan la diferencia entre predicar y dar trigo.
Evidentemente no sería justo generalizar, pero muchos de los allí presentes, que disfrutan de pingües ingresos y vida regalada, siguen con la trasnochada y farisaica actitud de ejercer como paladines de los necesitados, cuya situación, por supuesto, no comparten y con los que no se solidarizan más allá de las soflamas verbales o la exhibición de angulosas cejas zapateriles. Denunciar las lamentables precariedades es encomiable, pero no tanto si los que lo hacen se limitan a recibir el trigo ya molido en forma de jugosas subvenciones que les asignan los criticados.
Hay algunos casos destacados –en la mente de todos– de cineastas prestigiosos, de indiscutibles y notorias dotes interpretativas, que conjugan en voz alta la incongruencia de predicar sin dar trigo al denunciar las injustas desigualdades que anidan en nuestra sociedad. Porque esta denuncia que es compartida por la mayoría de los ciudadanos, resulta grotesca e insultante cuando parte, como en este caso, de quienes contemplan el nadir de las necesidades desde el cenit de la opulencia.
Tampoco es de recibo que se manifiesten acerbas críticas a determinadas políticas empresariales cuando, embolsándose jugosos estipendios, se han protagonizado anuncios defendiendo las bondades de los comportamientos que ahora se vituperan. Actitud que se extiende con fecundidad, mostrándonos sin rubor múltiples ejemplos, como tras defender la enseñanza pública con ataques a la privada, matricular a su hijos en los mejores y más caros colegios de España o del extranjero; como el lucimiento de esplendoroso y prohibitivo vestuario; o utilizar, casi ofensivamente, especiales prestaciones de las más exclusivas clínicas mundiales.
No se trata de atacar frontalmente estas lujosas singularidades, ya que cuando se obtienen cuantiosos ingresos se puede elegir lo mejor o lo que más apetezca, pero no es dable aceptar con complacencia una ostentación humillante y especialmente ofensiva cuando una gran mayoría se ve lacerada por la crisis. Lo justificadamente criticable es que actuando así se pretenda asumir el rol de Robin de los bosques postulando que se dé a los pobres lo que se quite a los ricos. A otros ricos, naturalmente, porque dar trigo en lugar de predicar parece utópico.

S.P.
Lo malo del embrollo que ha montado la Xunta con la sede de la fundación...
MANUEL BRAGADO
Vigo contou cun gran teatro en 1832. Foi o que na Princesa inaugurou o rico comerciante Velázquez Moreno...
 
Enlaces recomendados: Premios Cine