El III Encuentro de Movilidad Juvenil se celebró en tierras ártabras.
Los interiores del centro Ágora recuerdan al faraónico Gaiás por blanquecinos y espaciosos. Una ubicación tan céntrica como para acariciar Ronda de Outeiro y tan enxebre que las vacas pastan ante su recibidor principal. Lástima que las puertas cuchicheen al cerrarse y que el aire acondicionado sea más severo que la ola siberiana.
Las autoridades se presentaron cincuenta minutos tarde, retraso que no pudimos solventar en toda la mañana.
Rubén Urosa, director del Injuve, recordó la escalofriante cifra de paro juvenil, 48%. Ante la audiencia de la conselleira de Traballo, el alcalde herculino llamó al talento de los emprendedores para evitar la sangría de la emigración. Aunque, paradójicamente, luego acabaríamos viendo la luz en las Becas Leonardo.
La subdirectora de Juventud, con obtusa oratoria, no encontró la salida de San Petersburgo al Báltico y calificó enérgica a Rusia como país vecino.
Se agradece que el nervio y brío de Neira haga añicos el protocolo. Cuentan que, rompiendo tabúes culturales, en Japón se presentó espontáneo a las autoridades tal si fueran compañeros de toda la vida.
Con "Xuventude no Mundo" ya no es un mito que haya un gallego hasta en la luna. Una preciosa francesa habló de las ventajas del voluntariado europeo; compensaba retrasar sus hábitos de comida sólo por haber "descubrido" el pulpo.
La perfomance de los miembros de la asociación AMIPA evidenció su lucha por alcanzar la autonomía.
En el Seminario de búsqueda de empleo una técnica de Juventud insistió que en Galicia funciona aún el boca a boca.
Antaño, como Roberto Dueñas, halló trabajo en la parada del bus. Somos provincianos. Y con la bufanda al cuello despedimos la sesión con un delicioso almuerzo. Quien quiso repitió. A los postres, apareció un espontáneo lampiño. Se presentó como el mago Pedro; me ilusionó sin desabotonarse las mangas de la camisa.