Cierto que vamos a pasar momentos difíciles. Todos en nuestra vida tenemos que solucionar problemas que a veces nos parecen lápidas. Gracias al instinto de supervivencia y a la fuerza de voluntad, buscamos la manera de acabar con nuestras decepciones y salir reforzados de cara al mundo exterior que nos ofrece el encanto de un nuevo amanecer, de un nuevo día, de una nueva aventura. No podemos vencer a la muerte pero podemos retrasarla.
No soy ningún adalid ni ningún gurú de la economía, pero solo con un poco de sentido común podemos entender esta rama de las ciencias sociales, para aplicar mediante una simple contabilidad lo que pasa con las arcas públicas y el grupo de socios de los 15.
Como siempre los más desfavorecidos pagarán el pato, los del movimiento 15-M, los okupas, los drogodependientes, los sintecho, etcétera, que buscarán cobijo en la cueva de Ali-Babá y allí vivirán días de gloria pero serán expulsados de la misma por la fuerza del Leviatán de Hobbes, por una mejor convivencia para la mayoría.
Simplemente es eso, no hace falta condicionar de manera operante a la población con guerras y desastres. Todo es tan sencillo y complejo a la vez.
Hoy veo a mis vecinos y los veo con la misma cara de pocos amigos de siempre, a las 8 de la mañana, a la hora del café, también los veo con cara de ser amigos de Baco y, buscando en su interior, veo hombres y mujeres, con sus miedos, con sus malestares y sus ganas de vivir y su bonhomía. A todos ellos quiero servir, sin ánimo de lucro, por el bienestar del pueblo y así todos riéndonos de nosotros mismos lograremos superar este órdago al sistema que nos toca a nosotros y a las generaciones venideras para un mundo más humano, más simple y más afectuoso los unos con los otros.
Espero que los gobernantes vean en estas letras el oráculo de Delfos y no se dejen seducir por gastos inadecuados y corruptelas varias, lo que he expuesto debería ser el objetivo, el bienestar común y no el enriquecimiento de unos pocos que producen sarpullidos a la sociedad.