El pasado 28 de agosto, FARO DE VIGO publicaba un reportaje en el que Emilio J. Fernández anunciaba la inminente terminación de un documental sobre la vida de la meiga de Cangas María Soliña. En dicho reportaje se mencionaba que habían realizado un exhaustivo trabajo de documentación.
La historia de María Soliña es el reflejo de una época oscura y plagada de abusos de poder, en la que a través de falsos testimonios la Inquisición consiguió robarle sus propiedades y desprestigiarla. En esta farsa la Inquisición fue ayudada por algunos vecinos de María Soliña que acudieron a testificar contra ella, empujados por el miedo, el interés, la envidia u otras tantas "razones".
Hubo que esperar más de cuatrocientos años para que alguien se interesase en reconstruir y desvelar lo que realmente había sucedido en ese episodio histórico. Fue el historiador cangués Manuel Rodal González, que ha dedicado más de una década a vaciar documentos en varios archivos de todo el país, quien con minuciosa dedicación reconstruyó tras muchas horas de estudio el linaje, los testimonios, actas y demás pruebas documentales que han permitido conocer qué fue lo que pasó realmente con la señora María Soliña.
Emilio Fernández, natural de Lalín, estudiante de empresariales, carece de currículum como investigador histórico y como documentalista. La idea de realizar un programa sobre la historia de la meiga de Cangas no fue suya, fue aportada por otra persona, junto con sustanciosa documentación histórica, entre la que figura una primera edición del estudio de Manuel Rodal de 1992 (afán de la justicia seglar por mostrar brujas en la villa de Cangas). Intentar pasar por alto, no referenciar, ni siquiera, haberse puesto en contacto con un investigador del prestigio y la experiencia del señor Rodal cuando se están utilizando sus fuentes, no es ético.
Hoy como en el pasado, hay muchas formas de hacer las cosas, pero aunque sea necesario tiempo, éste, al final, con su reposado hacer, pone a las personas en su sitio.