Hasta en esta cuestión vivimos en un país machista. ¡Cuánto desprecio conlleva decir: tortillera, bollera, marimacho y otros calificativos de este tipo hacia la mujer que ama a otra y además, no solo lo demuestra, sino que se siente feliz con su vida.
Esta carta no pretende nada y menos aún justificar nuestro amor, sino escribir acerca de este tema que parece tabú, porque si bien es cierto que empieza a aceptarse mejor a los hombres gays, debido quizás a que muchos famosos han declarado abiertamente su orientación sexual, no ocurre lo mismo con las mujeres; pero hay que tener en cuenta que hasta el momento y salvo alguna excepción de artistas extranjeras, ninguna mujer, que sea más o menos conocida lo ha admitido y además lo niega tajantemente si alguien lo insinúa, amenazando con denuncias y se siente profundamente ofendida, dolorida e indignada.
Nosotras no somos famosas, pero durante 20 años de convivencia hemos sentido el dedo acusador siempre apuntándonos y por supuesto reprobando nuestra vida y permitiéndose el lujo de juzgarla y censurarla. ¡Cómo osamos decir que somos total y plenamente felices! Con esta afirmación rompemos los esquemas de un mundo convencido de que "esto " es pecado y si lo eres, ten la decencia de no pregonarlo, sigue ocultándolo y sobre todo finge, finge y … calla, que no se rían de vosotras y que no vayan a catalogar a vuestros allegados de la misma forma. ¡Qué desfachatez por vuestra parte!
Podemos deciros que alguien de la familia afirmó muy llena de razón, cuando después de 15 años de convivencia decidimos casarnos y mostrar nuestros sentimientos al mundo, una frase que es digna de estudio sociológico: "cuando se está criando unas hijas eso hay que decirlo desde el principio", lo que nos hace pensar en la confusión que existe entre unos sentimientos de pleno amor, con el término pedófilo que es absolutamente censurable, reprobable y condenable por la justicia.
Sabemos que para conseguir legalizar nuestro amor, han luchado muchas personas y quisiéramos expresarles nuestro más profundo agradecimiento por todo lo que han hecho y siguen haciendo día a día para tratar de lograr una igualdad, aunque solo sea a efectos jurídicos, porque la del mundo que nos rodea creemos que desgraciadamente no está en sus manos.
Para terminar, debemos decir que sabemos las distintas reacciones que provoca en las personas de tu entorno, declararte abiertamente lesbiana y aunque pudieran haberlo sospechado, se vive mejor en su bendita ignorancia. ¡Cuántas nos han fallado!, pero eso no conseguirá que sigamos diciendo alto y claro que somos amigas, compañeras, que vivimos para hacernos felices mutuamente, que nos amamos quizás más que hace 20 años , si cabe, y que nos gustaría que todas las personas de la tendencia sexual que sea encontraran la pasión de vivir el día a día amando y sintiéndose amadas.