No sabemos cuánto durará esta crisis económica pero, a pesar de los tardíos desaciertos con los que la hemos afrontado, se superará como se superaron otras.
Lo que seguramente será irreparable son los destrozos que está provocando la otra crisis: la social.
Ese intento de revivir la guerra civil del 36 con los muertos se han desenterrado ahora de forma selectiva para abrir viejas heridas ya cicatrizadas y provocar así nuevos rencores entre hermanos de patria en un intento absurdo de abrir camino a una izquierda extremista y vengativa que pretende llegar al poder.
Tanto el gobierno como la oposición, están obligados a defender los intereses de todos los españoles, por muy diferentes que seamos en nuestros criterios políticos, regionales, religiosos, etc.
Nuestro gobierno no puede tener predilecciones con ciertos grupos políticos, autonómicos, sociales, religiosos. etc., a costa de arremeter contra quienes no comparten sus criterios.
En el aspecto puramente nacionalista parece ser que sólo el deporte puede servir de antídoto al veneno de los afanes independentistas/separatistas que el gobierno, embriagado de poder, fomenta donde convenga según las circunstancias para buscar apoyo a sus ambiciosos (y desastrosos) decretos de ley.
Todo ello para provocar más enfrentamientos no sólo nacionalistas, sino políticos, religiosos, culturales, laborales, regionales, generacionales, familiares, sexuales, etc. Crispación según palabras del propio presidente en su solicitud a los medios informativos en alguna ocasión que todos hemos visto y escuchado.
Por otra parte, la corrupción promovida y apoyada por el gobierno tanto en los poderes públicos, como en la sociedad en general, es cada día más manifiesta, más agresiva y más inmoral.
Incluso el mundo laboral sufre las consecuencias de estar en manos de unos sindicatos que, por estar politizados y corrompidos, no pueden decidir libremente porque, al estar financiados por un partido político, siempre es más importante el partido y sus mandatarios que los obreros en sí.
Los sindicatos deberían ser lo suficientemente independientes para actuar solamente en beneficio de los asalariados a quienes representan y de los que reciben su aportaciones económicas para ser aconsejados y representados ante la patronal y el gobierno, sean cual sean los unos y los otros.
Creo sinceramente que nuestra democracia está corrompida, tanto, que Europa empieza a mirarnos con cierto reparo porque según parece nuestro presidente trata de imitar el modelo democrático de Latinoamérica y eso no deja indiferente a la Unión Europea de la que nos estamos distanciando cada vez más.
Por último señor Presidente, deseo aclarar que las elecciones anticipadas no pueden paralizar algo que no avanza, pero sería bueno que paralizasen algo que retrocede vertiginosamente.
Por favor, sea realista y actúe en consecuencia para salvar a este país que le ha confiado el poder en momentos difíciles en los que la responsabilidad le puede exigir sacrificios personales en beneficio del pueblo que le ha elegido.