Con respecto a la carta de doña. Modesta Regueira en contestación a otra del 8 de marzo, Día de la Mujer, hay algunas consideraciones que me gustaría realizar.
La primera es que, ciertamente, a la lucha feminista le queda mucho por hacer. Especialmente debemos recuperar el rigor en los razonamientos y el espíritu crítico. En el año 2008 se realizaron en España 115.812 abortos legales. ¿Refleja esta cifra que, como afirma la autora de la carta, "todas sabemos que lo que realmente está penalizado es el aborto, social y jurídicamente"? ¿Le parece por tanto que son pocos y que si fuéramos libres debería haber más?
En cuanto a la composición del comité que elaboró el proyecto de ley, el rigor nos obliga a reconocer que siete de los 13 "expertos" estaban directamente ligados a la industria del aborto o tenían una larga trayectoria proabortista. No había en ese comité ningún representante de las asociaciones provida, ni de las de víctimas del aborto ni de las de ayuda a la mujer embarazada. Éstos últimos, junto a científicos de reconocido prestigio, fueron únicamente "escuchados" en la subcomisión del congreso, y a puerta cerrada. No hay estudios médicos que corroboren que toda "mujer que decide abortar libre y voluntariamente" esté exenta de secuelas psicológicas negativas a corto o largo plazo, pero sí los hay que señalan que muchas mujeres sin problemas aparentes durante 5, 10 o 20 años, presentaban posteriormente secuelas en forma de depresiones, pesadillas, ansiedad…
La segunda lucha del feminismo debe librarse en la recuperación de un lenguaje honrado. Efectivamente, lo que llamamos vulgarmente ley del aborto se ha denominado "Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo". El título se ha hecho largo y eufemístico, pero ello no cambia un ápice ni la injusticia de su contenido ni la banalidad de su redacción. En cuanto a la asociación de "aborto provocado" y "salud", es un ejemplo de neolingua que haría las delicias de Orwell, a la altura de "La guerra es la paz".
Por último, las feministas deberíamos recuperar la humildad. Dice la autora de la carta mencionada: "No existe el feminismo trasnochado". Claro, existe la literatura trasnochada, el ecologismo trasnochado, la arquitectura trasnochada… pero, como las mujeres somos perfectas y no cometemos errores, no puede haber feminismo trasnochado. Pues sí lo hay, un paleofeminismo acrítico y esterotipado que enfoca su lucha en asimilarse al hombre y eliminar por tanto todo aquello que, como la maternidad, nos diferencia radicalmente de él. En este sentido, el aborto es una herramienta más de opresión machista, ya que está sustentado por la asunción de que la maternidad nos impide ser como hombres y nos mantiene por tanto en esa casta inferior en la que algunas sitúan a las que tiene hijos.
La vergüenza, propia y ajena, se siente ante los 115.000 abortos anuales, ante manifestaciones de ignorancia del tipo "el feto es un ser vivo pero no es humano" o ante la falta de espíritu crítico de ciertas personas a quienes les han vendido feminismo y aborto en el mismo paquete, y no se atreven a separarlos por no salirse de la manada.