Dice un profeta: "Como cordero llevado al matadero..." (IS. 53,7), así fue Jesús llevado a la Cruz; pagan justos por pecadores.
Con el corazón partido de dolor escribo esta carta, pues me consideraría cómplice de tanta maldad si no lo hiciese. Verdaderamente me da mucha pena tener que comparar a los "nonatos", humanos con los "corderos" y a las clínicas abortistas con los "..." y a los que practican los abortos llamarles "..."; los vientos que corren dan motivos más que sobrados para ello.
En cartas anteriores hablé de mi profesión, como jubilada de la Seguridad Social, mayormente, en la especialidad de Ginecología. Cientos de niños, recién nacidos, pasaron por mis brazos antes de ponerlos en los brazos de sus madres. Y, más de una vez, les ponía también en los brazos de nuestro Padre Dios mediante el bautismo de urgencia, si el caso lo requería.
Algunas veces salía el tema acerca del aborto; terminaba diciéndoles que más vale un hijo en la almohada que en la conciencia; el de la almohada podría suceder que, alguna vez, no les dejara dormir, pero el de la conciencia les quitaría el sueño para siempre. Cuando coincidían, les hablaba también a los padres, quienes, muchas veces, y nunca peor dicho, no llevan vela en este "entierro". Unas y otros, casi siempre, me lo agradecían.
¡Qué locura la de los que patrocinan el aborto!, rechazan la pena de muerte de los criminales y se la aplican a los inocentes. Son, voluntariamente, ciegos y guía de ciegos. Poco sé de psicología, pero entiendo que las etapas de la vida del ser humano comienzan en el "zigoto" y acaban en el "cajón".
¡Qué horror leer que España ocupaba en 2008 el quinto lugar en aborto y que irá en aumento con esta nueva ley, según lo publica este mismo diario el 3 de este mes!