Parece mentira que con tantos orensanos residentes en Vigo, que cada domingo inician el lento retorno a la ciudad, después de haber pasado un fin de semana en sus respectivos pueblos, en un ambiente familiar, todavía no se hayan dignado en alzar una voz o escribir a nuestro periódico por excelencia, el FARO, quejándose del vergonzoso cuello de botella que enlaza la A-52, a la altura de Porriño, con la autovía que viene de Tuy.
Es increíble, en el mundo global que residimos, en pleno siglo XXI, presumiendo del país que no somos, dándonos de vanguardistas, y a nuestro querido alcalde, el Sr. Caballero, no le habrá ocurrido que cuando va a visitar su estimado pueblo, Puenteareas, no le haya pillado un domingo de retorno, con el consiguiente atasco ya que llega la cola hasta el alto de Confurco. Pero es que somos pasotas o qué… estamos hablando de desdoblar un carril de incorporación de 150 metros. No son las obras faraónicas de la ciudad de la cultura, ni la autovía Pontevedra-Vigo, ni el relleno del puerto. Dónde están las voces críticas, el sentido común… tantas décadas esperando por una autovía que nos liberase de las largas retenciones de Rivadavia, Puenteareas, Porriño y estamos igual… tanto nadar, para morir en la orilla.
Así nos va, tenemos lo que nos merecemos. Si en vez de hablar tanto en la tertulia, les hiciésemos ver nuestra indignación a los políticos que nos gobiernan, mejor nos iría a todos. Mientras tanto, a seguir en la cola.