Sr. Cruz Varela: Dice usted en FARO DE VIGO, sección "Cartas al Director", el día 1 de febrero 2010 de la esposa del Sr. Presidente del Gobierno de España, a mi modo y maneras de entender con mucha ligereza, lo siguiente: "La primera dama -ese honor corresponde a la Reina-, digo, puede obsesionarse en defender su privacidad y la de sus hijas, cuando en realidad, lo que verdaderamente le molesta y esconde, posiblemente sea su tremendo complejo y falta de seguridad, que le impide ejercer las obligaciones de su cargo y protocolo con total dignidad"; y más adelante expone usted, sin duda de manera gratuita, que al Presidente y familia les aterra verse en la oposición y como una más, lo cual, según su versión, les "fastidiará un montón".
Me gustaría saber si quienes ahora ostentan (a la oposición me refiero) desde hace poco más/menos seis años, si la viven con entusiasmo, pues escuchándoles y/o leyéndoles, mismo parecen tan ansiosos como infelices.
La verdad señor, es que tengo la sensación de que usted se pasa los pueblos de diez en diez, no de dos en dos como con frecuencia se dice. Le puedo asegurar sin temor al exceso en lo que diga, que su escritura me causa más pena que asombro. Primero por la manifiesta falta de respeto a la esposa del Presidente, y después por sus dudosos conocimientos de la vida de la aludida y familia.
Es posible que la señora senadora Leide Pajín, secretaria de Organización del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) cometa, como usted dice, algunas "estupideces", en el ejercicio de sus funciones -añado; pero la cuestión por cuanto a ese adjetivo que usted le dedica con más ligereza que acierto, porque juez y parte son componentes de difícil digestión, este es su caso, mejor sería traer a estas páginas las hazañas de otros políticos, cuyo bautismo dejo a su criterio, como por caso, aquel que dijo un día que se oponía a la fusión de las cajas de ahorro gallegas y ahora se presenta defendiendo lo contrario; y/o de otro que sin formar parte de su programa electoral, crea leyes y se viste de galleguismo exigiendo la fusión de las mencionadas porque, -se desprende de lo que dice- de no conseguirlo caeríamos poco menos que en la bancarrota; y otro más haciendo graves acusaciones contra el ex presidente de Castilla-León, Sr. De La Madrid, que resultaron falsas, acción a la que podemos unir la fotografía de las Azores de donde salió el acuerdo de invadir Irak metiéndonos en una guerra al margen de la ONU que es ni más ni menos el mismo que llamó a los etarras "patriotas vascos", y que para dar ánimo a la mala gestión de su ministro de Fomento, Sr. Cascos, por sus fracasos en el manejo de la situación del Prestige y de los corrimientos de tierra en Zaragoza en las obras del AVE ya dadas por concluidas, dice su jefe, que "era el mejor ministro de Fomento de España de todos los tiempos".
Podría llenar páginas. Pero lo dejo aquí. De FARO DE VIGO sólo soy lector y esto desde 1943 año en el que leí el primer ejemplar.
Don José Blanco -no "Pepiño do Miño"-, como usted con tanta vulgaridad lo bautiza colgando el hecho a sus "amiguetes", es el ministro de Fomento de España y, que yo sepa, hasta donde puedo recordar, -80 años y buena memoria me lo permiten-, pocos y/o ninguno de los de su rango le supera en dedicaciones a nuestra comunidad; pero claro, como es socialista, para usted resulta algo así como un chiste, porque según entiendo, usted nació libre de las miserias en las que, a veces sin desearlo o provocadas caen con frecuencia los seres humanos; y esto naturalmente, a usted no le acontece, porque cosas así no se dan en el paraíso terrenal del que parece venir; y siendo así, naturalmente, vive permanentemente protegido por las divinidades; que no es lo mismo, a la vista está, que nacer en un pueblecito de Lugo llamado, si mal no recuerdo, Palas de Rey, donde con tanta honra vino al mundo el Sr. Blanco.
Y por último señor, ha de saber y asumir, que cada cual es lo que es, y como tal ha de ser respetado. Descalificar, subestimar y/o posiciones por el estilo, no tienen encaje en la democracia. En la oposición y/o en el gobierno de la nación estarán los elegidos por los españoles; y sus ocultos, porque en ningún momento los cita, si bien no hace falta esforzarse para saberlo, llegarán al gobierno de la nación cuando toque, si lo merecen, no cuando quieran. Los españoles dirán.