Acabo de oír una entrevista hecha al presidente de la Xunta de Galicia, Núñez Feijóo, y he observado que sus planteamientos en campaña electoral, garantizando la libertad de lengua vehicular en la enseñanza, han sufrido algunos cambios. No es lo mismo que se pueda elegir libremente el idioma escogido, que adoptar una solución salomónica diciendo ni para ti, los nacionalistas, ni para mí, los ganadores de las elecciones, para que se quede todo el mundo contento y aquí paz y después gloria. Estamos viendo que los insaciables nacionalistas nunca acaban con sus interminables reclamaciones y la prueba es que se van a manifestar contra su política ya. Estos y en otros campos llegan a la pintoresca petición de que en el Senado español demandan la utilización las lenguas regionales, eso son la gallega, la catalana y la vasca, las tres españolas pero, repito, regionales, de uso exclusivo en sus respectivas comunidades, para reinventar la Torre de Babel, multiplicando gastos innecesarios en una España desolada por la crisis. Pintoresco un Senado lleno de pinganillos y que al salir se vayan todos a tomar café hablando castellano.
Son muchas las personas que por profesión han de cambiar continuamente de residencia y sus hijos, si no se impone la libertad de elección, tienen que ir sufriendo la inmersión por poco tiempo de lenguas que nunca volverán a utilizar, dificultando enormemente su aprendizaje. Sr. Feijóo, usted sabe perfectamente que si hoy es presidente gallego es gracias a los que demandaban libertad de elección, no debe olvidarlo. Son mayoría los que quieren estudiar en castellano en Galicia. Por muy contemporizador que se intente ser, no se puede servir a dos señores porque entonces no se sirve a ninguno.