Últimamente es increíblemente sencillo atender a la polémica generada por los padres en torno a "la mala conducta que genera la televisión en los niños y jóvenes".
Los progenitores, en su afán por mantener a sus hijos a salvo de un mundo hostil, se aferran a la idea de que los programas seleccionados por las cadenas televisivas para el público infantil no son adecuados para retransmitirse.
Por ejemplo: muchos de ustedes recordarán la oposición surgida por la aparición de la serie "Shin Chan" en TVG y luego en Antena3, y el contundente alegato donde se le tachaba de ser un modelo inmoral de conducta.
No voy a entrar en controversia sobre si la serie es o no un mal ejemplo para el público infantil, puesto que considero a cada persona muy capaz de decidir qué es óptimo y qué es nocivo para sus hijos.
Dicho esto, decir que respeto mucho el trabajo desempeñado por los progenitores, ya que soy consciente de que muchas veces no es fácil educar a un futuro hombre o mujer. Sin embargo, si querría hacer hincapié en un detalle que, creo, merece de la máxima atención. No queriendo ni mucho menos tacharlo de hipocresía, si una serie de dibujos animados, que no es más que pura ficción y fantasía, puede llegar a ser nociva para sus hijos ¿no lo serán más programas, de temática rosa o simple cotilleo, que se introducen de lleno en las vidas de personas reales para criticarlas sin ton ni son? ¿Es ese un gran ejemplo para las nuevas generaciones? ¿Realmente es aceptable que observen como sus progenitores se entretienen descubriendo chismes y trapos sucios de las vidas ajenas, para comentarlos después?
Sinceramente, considero más injusto que se censure la evidente ficción que la inflexible realidad.