Tui, importante enclave histórico del Baixo Miño no valoriza en la actualidad su patrimonio artístico. Tampoco tiene mucho interés por defender sus valores paisajísticos.
Bajo los pilares del nuevo puente de San Bartolomé se ocultó visualmente otro mucho más importante: el medieval, al que convirtieron en un ente mermado. También se enterraron con menosprecio los restos romanos aparecidos en el solar del antiguo casino, o los de la calle Loureiros (antigua necrópolis romana), o la renovación del primitivo enlosado de muchas de sus antiguas rúas por losetas modernas de granito serrado. A éstos y otros muchos detalles de negligencia y mal gusto urbanístico hay que sumarle el estado de degradación en que se halla todo el casco histórico, sumido desde hace varias décadas en el más triste abandono.
Al revés que otros países avanzados culturalmente la conservación del legado patrimonial en Galicia no es motivo de orgullo. Mosca incordiante y "cojonera" parece ser que es siempre el pasado y la historia en general para los gobiernos municipales. Cómplices con su silencio son también arquitectos, arqueólogos municipales, técnicos de patrimonio, concejales de obras... Todos aquellos que de alguna manera tienen cartas en el asunto y a pesar de ello, por uno u otro motivo, siempre callan amedrentados.
Una tala poco razonada de numerosos árboles que pueblan las márgenes del río Miño se está llevando a cabo estos meses. Por debajo del Parador Nacional de Turismo, el pasado 16 de diciembre, se talaba -entre otros- un gigantesco chopo de aproximadamente medio siglo de vida razonando que estorbaba al giro que hacen los remolques para transportar las piraguas al inmediato club de remo. Todo esto llevado a cabo bajo instancias del gobierno municipal y el visto bueno de la Xunta, que justifica este desatino medioambiental por ser las especies cortadas foráneas (como lo es también el eucalipto, y sin embargo la administración no actúa sobre él con contundencia). En Alemania (nos dijo un emigrante retornado) estos sucesos costarían al infractor la cárcel. Aquí, todavía son hechos lícitos y motivo de orgullo para el "valiente" ignorante.