Un país lleno de problemas, muchos de los cuales heredados de la era colonial española que no supo resolver con sus largos años de dominio, para luego de su independencia sufrir largos años de dictaduras aberrantes hasta lograr, hace apenas diez años, las sendas del camino democrático, que hoy trata de defender solo, contra viento y marea. Por ser escenario, su territorio, de un nuevo ensayo maquiavélico de la progresía latinoamericana para someterla a una nueva dictadura.
Latinoamérica vivió años de confusión y desesperanza, luego del rotundo fracaso de los ensayos revolucionarios de los sesenta, auspiciados por la Revolución Cubana y sus aliados, cuya caducidad de penetración y ensayo la marcaría la caída del muro de Berlín.
Las corrientes progres de América, que muy hábilmente, con una nueva estrategia de penetración masiva, sacan rédito político a sus fracasados proyectos revolucionarios de los años sesenta que, sumado al de varias dictaduras de derechas y también nacientes y frustrados ensayos democráticos. Todo ello le allanó el camino para poner en marcha y ejecución un nuevo modelo "progre" de penetración de masas, contando para ello con una gran cantidad de recursos económicos provenientes del gas, petróleo y droga, que sumados a las ventajas que hoy ofrece este mundo globalizado y la complicidad sutil, pero eficaz, de ciertos "demócratas" que, utilizando bondades y debilidades de interpretación que ofrece la democracia, se prestan para "avalar" o cubrir con un manto de impunidad, según convenga a sus intereses, los comportamientos irregulares de ciertos aspirantes a dictadores como sucedió en Venezuela el 2002 y hoy pretendían repetir en Honduras.
Los pueblos valientes como Honduras que a la sombra y cobijo de la democracia participativa pretende hoy sobrevivir al acaso y derribo a que fue sometida los últimos tiempos por la "progresía latinoamericana" capitaneada a control remoto desde Venezuela y Cuba, merece la atención y reconocimiento del mundo libre.
Alegría y satisfacción es lo que nos embarga hoy a todos los españoles que queremos de corazón a esos pueblos latinoamericanos por ser mucho lo que nos une pero, sobre todo, haber compartido como emigrante toda una vida llena de sacrificios, alegrías y tristezas con sus gentes, que nos obliga a no dudar de su gran capacidad democrática a pesar de los fracasos propiciados por ciertos y determinados líderes que no supieron estar a la altura de las circunstancias que sus ciudadanos castigaron en las urnas oportunamente. Esta situación de Honduras que hoy nos ocupa y preocupa sirve para denunciar la irresponsabilidad de nuestro gobierno al aliarse con los enemigos del pueblo hondureño y no reconocer sus elecciones limpias y democráticas como única arma legal para defender su honor y futuro. Las recientes elecciones y la determinación del Congreso de Honduras de no permitir el regreso de Zelaya son ejemplos palpables que la democracia tiene fuerza y sustento en el respeto a la Constitución y Leyes que tienen las naciones libres y nada, ni nadie, puede ignorar y mucho menos despreciar.