España sin cruces sería como un bosque sin árboles. Esta triste experiencia la he vivido yo, cuando las han retirado de la Seguridad Social, a pocos años de integrarme a su servicio. Cuánto me animaba, contemplándola en la cabecera de las camas de mis pacientes. La cruz me inspiraba también palabras de aliento, al mismo tiempo que les ayudaba con la terapia indicada. Desde su nacimiento hasta el final de sus días la cruz siempre fue mi mejor compañera, para mí y para ellos. Por eso me encanta la Cruz Roja, la Cruz de Cristo, mi cruz de cada día, porque la cruz es positiva: es el signo más.
Por todo lo dicho concluyo que es una verdadera locura "arrancar de raíz" las cruces en el medio ambiente en que vivimos, pues no sólo desaparecerían las de los hospitales, escuelas, etc., sino también "borrarían" del mapa de España todo lo que llevara su signo o su nombre: iglesias, catedrales, enciclopedias, cruceros, Cruz Roja, encrucijadas, nombres, apellidos... Así como la cruz es el signo más, todo lo que estos "locos" pretenden, lleva el signo menos: quitar, restar, dividir, imponer... y así nos luce el pelo ¡nos llevamos peor que los perros!
La cruz nos hermana con Cristo, pues murió abrazado a ella por nuestro amor; y así le suplicamos: "Dulce Jesús de mi vida, que en la cruz estás por mí, en la vida y en la muerte, Señor, acuérdate de mí".
Siempre he admirado y respetado a los que tienen otra cultura y religión y son fieles a ella, pero ¡por favor! que ellos respeten también lo nuestro, si no quieren sufrir nuestro desprecio.