La preciosa Villa de Salvaterra de Miño, está siendo azotada fuertemente por la crisis. Para su desgracia la crisis no sólo es económica, que lo es, sino también de gobernantes y de quién aspiran a serlo.
Para todos ellos no es suficiente el estado de abandono en que se encuentra el pueblo. Calles sucias, mal pintadas, mala señalización, obras eternas, mal servicio en general. En este pequeño pueblo hay tres núcleos bien diferenciados: zona 1- Concello, zona 2- Centro Médico, zona-3 Mercado. La unión o fluidez entre estas tres zonas es mala o inexistente. Hay un sinfín más de situaciones necesarias para hacer pueblo, pero no, ellos a lo suyo nunca mejor dicho, el sillón y la pasta.
Opositores al gobierno local y algún partido de la oposición manifiestan sus opiniones mediante carteles pegados por todas las esquinas. La paradoja es que el propio alcalde hace lo mismo, manda al ordenanza del Concello a colocar sus respuestas, así está tristemente empapelado el pueblo. Patético, en los tiempos en que vivimos los ciudadanos no somos parvos.
El otro aspirante que parecía tener buenas maneras para ser alcalde, lejos de la realidad, ya que el vive en un mundo en el que se cree superior, también se aleja cada vez más.
Ahora lidera una reclamación contra la administración pública, con un grupo de personas que muchas de ellas no le votarán nunca. Pero en común hay dinero en juego, ocupan las dependencias municipales dificultando como mucho una cuarta parte de la población. ¿Y el resto de los vecinos? Es la primera vez que se le ve apoyando a los vecinos, ¿será porque hay dinero por medio?
Señores, no se lamenten que los ciudadanos se queden en casa en las votaciones o no se haga nada por el cambio, sinceramente no se lo merecen.