Siempre que se produce un tema que atenta contra los principios éticos, como es lógico, desde la Conferencia Episcopal se ven obligados a dar los criterios claros según la ética natural y la doctrina de la Iglesia.
Pero, al mismo tiempo, por estos motivos o sin ellos, hay quienes se dedican a denigrar a los obispos, es recurso manido por los obradores de iniquidad, para desviar la atención de sus obras, tranquilizar sus conciencias y para sembrar cizaña, creando odio hacia ellos, en ese empeño que tienen de desprestigio de la Iglesia con el claro objetivo de que no se escuche su voz.