La utilización política que subyace detrás de la Propuesta Institucional del Consello da Cultura Galega, publicado hace pocos días, es de extrema gravedad. Entre otras cosas afirma el Consello que el gallego es una lengua que los poderes públicos tienen la obligación de promocionar ya que está en "clara desventaja con respecto al castellano, resultado del maltrato que recibió en el pasado". Parece que el Consello estuviera hablando de violencia de género, sin tener en cuenta el maltrato que está recibiendo, no el español sino los niños que quieren estudiar en español, pero eso no cuenta. Que el "desafío" es la "recuperación del gallego como lengua que refuerce nuestra propia identidad".
La recuperación del gallego es algo deseable por todos y a lo que nadie se opone. El problema y la polémica se produce por el método utilizado para recuperar la lengua que es la imposición del gallego en el ámbito académico y cultural. Utilizar la formación académica de nuestros hijos con fines políticos en los que unos pocos –entre ellos todos los que viven del "quiosco lingüístico-nacionalista"– saldrán ampliamente beneficiados, no se corresponde con la puesta en práctica del respeto a los valores democráticos, ni de respeto a la libertad, ni a la tolerancia, ni a la tan olvidada Constitución Española, en clara contradicción con algunos puntos del Estatuto de Autonomía.
El Consello en su escrito llega a manipular los términos de la polémica afirmando que en el debate, "el gallego significa imposición y el castellano libertad", aludiendo después, sin venir a cuento, a la "historia remota y reciente de nuestro país".
Todo el mundo sabe –aunque no todos lo reconozcan– que el objetivo de los que reclamamos libertad no es, ni mucho menos, la imposición del español (o castellano, como gusta al nacionalismo) sino la libertad de elegir entre las dos lenguas oficiales de Galicia. Ahí es donde los integrantes del "quiosco lingüístico" protestan porque es muy probable que no todos opten por el gallego. Esto, evidentemente, preocupa porque "se va a perder el gallego" dicen, que en realidad, lo que quieren decir es: "Nos van a cerrar el chiringuito, si no tenemos clientela". Un miedo infundado por otra parte, porque supongo que alguno habrá que siga la ideología "da nosa identidade".
Promover la recuperación de una lengua es muy loable, pero con libertad. No se puede obligar a nadie por decreto a utilizar una lengua que no es la suya, más cuando la suya es tan legítima como la "propia do país".