La primera reacción política de la oposición a la gestión del secuestro del buque "Alakrana" ha puesto fuera de lugar a la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, quien acusó al PP de "estar del lado de los piratas". Este disparate retrata el autoritarismo con el que el Gobierno de Rodríguez Zapatero –quien el pasado martes elogiaba la actitud de Mariano Rajoy– entiende el control político en un sistema parlamentario. No sólo ha querido apartar a la opinión pública del seguimiento de esta crisis, sino que además tacha ahora a la oposición de apoyar a una banda de piratas sólo por haber pedido explicaciones. Tal vez sea conveniente recordar a De la Vega su comportamiento ante el "caso Prestige".
No obstante, y siendo graves esas acusaciones, más grave aún es la falta de explicaciones coherentes, de una versión única y creíble sobre lo ocurrido durante el desenlace del secuestro.