Lo he manifestado por activa y por pasiva: nadie en esta vida me ocurrió para bien o para mal que no haya sido por esfuerzo o error propio. Nada le debo a nadie y nadie me debe nada. Esto como ser individual; como español soy una persona agradecida a todos que los que hayan ejercido autoridad o poder en este país a lo largo de mis setenta y ocho años de vida. Sin embargo, este Gobierno no da ánimos para que se le respete. Miente y hace mentir descaradamente a todo su entorno y no es capaz de librarse de tan dañina costumbre. Esta vez fueron más allá, ya no solo miente el Gobierno, parecen estar obligando a hacerlo a todo aquél que le asiste. Últimamente hemos visto y oído en televisión a un alto cargo de la cúpula militar decir algo que no encaja con la profesionalidad y las técnicas que hoy se utilizan en nuestros ejércitos. Tampoco lo dicho encaja con las manifestaciones de los medios y protagonistas del secuestro. De no existir otras razones, que desgraciadamente no se vislumbran por ninguna parte, la cosa puede y debe terminar con sonadas renuncias, pues, ya son muchos los comentarios de desprestigio para la institución que tienen su asiento en la red y quién sabe si, también, en otros círculos. Ver y oír a nuestro presidente en una comparecencia fuera de España felicitarse y felicitar a su Gobierno por tan solemne chapuza me produce vértigo. Un buen amigo, hoy fallecido, que en tiempos anteriores a la democracia viajaba con frecuencia a Francia en comisión de directivo de una multinacional de ese país nos comentaba con testaruda asiduidad el mal criterio que por aquellos pagos nos tenían a los españoles sólo por el hecho de estar sometidos a un régimen no democrático. ¿Volverán antiguos desarraigos europeos o ya están aquí por la memez de nuestros actuales dirigentes? Quizás.