Nuestra sociedad está llena de contradicciones. Recientemente me entero de dos mujeres infértiles, sometidas con un alto coste emocional y físico a la fecundación in-vitro sin que nadie les asegure el éxito, mientras, otras dos mujeres y amigas de las primeras abortan por conveniencia.
El amor es una realidad innegable y también lo es la naturaleza maternal de la mujer, así el poder de la mujer para transformar la sociedad deriva de sus cualidades maternales más que de imitar las cualidades masculinas; pero el feminismo radical rechazó el poder de la maternidad destruyendo lo que decía que eran construcciones sociales y lo reemplazó por una ambición de poder en términos masculinos, y si bien es cierto que la mujer necesitaba luchar para tener iguales derechos, oportunidades y dignidad que los hombres, algunas feministas negaron la eficacia de la mujer en la crianza y educación de nuevos seres humanos, la eficacia de la mujer tiene, igualmente, en cualquier profesión, comunicación interpersonal, capacidad de llevar a la vez varias tareas, sensibilidad, intuición y ternura; ahora, ya la mujer reivindica de nuevo el valor de la maternidad; aunque se den las paradojas que relato al principio: Unas que quieren y no pueden y otras que estropean lo que las primeras buscan desesperadamente.