En medio de tantas dificultades y de tantas malas noticias como a menudo nos llegan, pienso cual puede ser el motivo por el que algunos quieren destruir la religión católica y con ella a la Iglesia, y es que los apóstoles y la Iglesia han recibido la incomparable misión de anunciar al hombre de todos los tiempos la gran noticia de que Dios nos ama.
En palabras de Pablo VI, la comunicación de esta buena noticia es para la Iglesia su dicha, su vocación y su identidad más profunda. ¿A pesar de ello hay quien no quiere entender?
Pienso que el mundo, nuestra sociedad, necesita cada vez más el anuncio de la Buena Noticia y los cristianos, todos, no podemos permitirnos el lujo de perder el tiempo en cuestiones pasajeras que pueden distraernos de la misión esencial que estamos llamados a vivir y que ha de dar sus frutos, si como mensajeros del Evangelio, conseguimos ser luz del mundo y sal de la tierra.